Elegí el exilio de tu cintura para ir en busca de nuevos mundos, selvas edénicas, tierras vírgenes que aplaquen mi sed de aventura, mi sed de misterios, mi sed de pirata. Allí, en mi barco rebelde, espada en mano y en alto, dirijo mi nave por el vigoroso paso de tu espalda, tapándome los oídos con rapidez para así no caer bajo el encanto de las sirenas, que son tus poros de zafiro y rubí. Eolo, el dios del viento, embaraza las velas de mi embarcación y augura el buen puerto que es tu torso, donde las frutas más generosas y delicadas reponen mis fuerzas... y es tu cuello la estrella que me permite vadear con éxito el poderoso remolino que es tu ombligo, siendo tu mano el mapa que me dirige hacia el tesoro, escondido en el paraje más oculto y mágico de tu ser.
Escribe: Jean Paul Preciado poetaodiseo@hotmail.com