No eres mar, pero me ahogas con tus inquietantes y sugerentes palabras; no eres fuego, pero enciendes una pira en mi corazón, en mi pecho con cada una de tus inflamadas frases; no eres vino, pero embriagas, desinhibes, mi lado perverso, mi hombre viejo que tenía encadenado; no eres pintora, pero dibujas pasajes que reptan sin pudor por el valle de mi imaginación; no eres demonio, pero me llevas con tus letras por el filo de la más pura tentación.
Escribe: Jean Paul Preciado poetaodiseo@hotmail.com