Poetisa mía, debo confesarte en esta noche en que un girasol corretea una estrella fugaz, que a una mortal le pediría un beso sin más, ni más; pero a vos, sólo te pido que acerques tus labios a mi oído y dejes esos carbones (palabras) que se encienden con otra parte de ti: vuestro aliento a nardo y jazmín. Una mirada, y te me revelas como lo que eres: la hija del sol, que en gesto muy sutil, me da "la espalda" para así saber en "dónde reside el secreto del fuego", de tú fuego; más tarde sabré que en ese mapa que forma vuestra espalda, tal misterio se devela muy al norte, en esa esquina que forma tu hombro derecho y tu cuello. Una nueva mirada y me invitas sin pronunciar palabra, a sumergirme en un mar de fuego real, pues es tu sudor el que forma ese gran y avernal océano transparente, donde yo he de convertirme en fuego también.
Escribe: Jean Paul Preciado poetaodiseo@hotmail.com