Tal vez mañana los poetas pregunten por qué no celebramos la gracia de las muchachas; quizá mañana los poetas pregunten por qué nuestros poemas eran largas avenidas por donde venía la ardiente cólera. Yo respondo: por todas partes se oía llanto, por todas partes nos cercaba un muro de olas negras. ¿Iba a ser la poesía una solitaria columna de rocio? Tenía que ser un relámpago perpetuo. Yo os digo: mientras alguien padezca, la rosa no podrá ser bella; mientras alguien mire el pan con envidia, el trigo no podra dormir; mientras los mendigos lloren de frio en la noche, mi corazón no sonreirá. Matad la tristeza, poetas. Matemos a la tristeza con un palo. Hay cosas mas altas que llorar el amor de tardes perdidas: el rumor de un pueblo que despierta, eso es mas bello que el rocío. El metal resplandeciente de su cólera, eso es mas bello que la luna. Un hombre verdaderamente libre, eso es mas bello que el diamante. Porque el hombre ha despertado, y el fuego ha huido de su carcel de ceniza para quemar el mundo donde estuvo la tristeza.