Quemadas mis alas y deportado del cielo, volví a la vida gracias a tus manos golpeando mi pecho, sí, esas manos acostumbradas a chocar como olas contra esa orilla que es el cajón peruano. ¡Live!, ¡live!, dijiste mientras yo ya no deseaba ver los tonos plomos que pintan todos los fondos y formas de esta ciudad... ¡Live!, ¡live!, dijiste y yo tirado en la acera con un solo pensamiento: "No pude convertirme en viento, el mundo no confabuló para hacer mi sueño realidad. ¿Para qué vivir?" ¡Live!, ¡live! y tus labios se acercaron a los míos, y el soplo de la vida volvió a convertir el barro en piel. Dejé de respirar, minutos antes de esto dejé de respirar... y ahora vuelvo a nacer en los ríos celestes de tus ojos, en las olas doradas de tu cabello rubio, en las diminutas estrellas marrones que posan en tus hombros. Una mujer, una mujer me trajo nuevamente a la vida, tú, la gringa manos de madera.
Escribe: Jean Paul Preciado poetaodiseo@hotmail.com
*Esta poesía trata de lo importante que es el aliento de un amigo, en momentos en que nuestros grandes anhelos parecen naufragar.