Fuego negro, así eres tú, de piel y de espíritu; exótica, hermosa, mariposa nocturna que te posaste en mi corazón y que te quedaste ahí a pesar de haber volado... Fuego negro, me dijiste que te tenía entre mis manos, que me amabas al punto de la depen_ dencia, que eras, de grado, mi dulce esclava y... te me volviste agua y te me escapaste... Fuego negro, a pesar de tu juventud pintaste cual Da Vinci nuevos sentidos en mi piel, le pusiste alas a mi fantasía y en mi vientre des_ nudo soplaste bajito a esa leña tuya, recién cor_ tada...
Escribe: Jean Paul Preciado poetaodiseo@hotmail.com