Jugar el primer partido eliminatorio
a un mundial y dejar tantas conclusiones positivas no debe necesariamente ser motivo de
temor.
Las dudas iniciales y normales de este nuevo proceso Maturana, cedieron
ante esta convincente presentación del equipo peruano que también dejo atrás el
excesivo respeto hacia Chilavert y su defensa para algunos y el fundado reconocimiento
hacia el estratega Markarián para otros.
La jerarquía individual en este partido se fusionó con el sentir y la
necesidad colectiva que siempre pretendió Maturana y ambas, para felicidad del fútbol,
le permitieron al conjunto peruano realizar en el campo lo que se diseño en el pizarrón,
algo en estos tiempos casi inusual, debido al poco tiempo que tienen los técnicos
sudamericanos de contar con sus jugadores.
En el caso específico de Francisco Maturana, su banco de prueba fue
sólo la Copa de Oro, en donde los gruesos errores individuales y colectivos le dieron el
material necesario para detectar, corregir y estar en situación de convivir con el grupo
y conocerlos física técnica - táctica y psicológicamente lo que le dio la
capacidad de darles a cada uno su puesto, su posición y su función, mérito del
estratega colombiano.
Perú con 7 titulares que juegan en el exterior y que aportan
personalidad competitiva a través de la ausencia del temor escénico maduró al grado tal
que asimiló con entereza la no convocatoria de Juan Reynoso.
En lo táctico Perú jugó con el sistema clásico 4-4-2 pero al que se
agrego dinámica, confianza y alegría por jugar, permitió utilizarlo sin fisuras y a la
vez con bastante elasticidad.
El equipo peruano sometió a la bien llamada mejor defensa del mundo en
la última justa mundial de Francia, a través de la sutileza, el ingenio y la técnica,
dinamitó con ideas el área paraguaya al grado tal que buenos definidores como Pizarro,
Palacios y Solano se sorprendieron por la facilidad con que ingresaban a los predios de
Chilavert y equivocaron definiciones en el primer periodo.
En el complemento sobre los 10 Pizarro cumple el sueño de todos
los peruanos, ingresa al área por el sector izquierdo y cuando superaba a Gamarra este lo
engancha y permite a Solano, genial jugador del NewCastle inglés, anotar de penal y
recobrar su confianza personal perdida por lo menos en esos 55 iniciales; en donde
su aporte físico fue generoso pero el técnico y mental discreto.
Perú a manera de los buenos boxeadores no permite reaccionar a
Paraguay y, 6 minutos después nuevamente Pizarro es infraccionado, cobra rápido Solano
hacia Palacios quien amaga sobre un rival y desde la bomba del área enfila un derechazo
pensado y preciso que aletarga a Chilavert y termina con sus días de soberbia,
autosuficiencia y falta de humildad.
Quien no gane de local se condenará a la no clasificación. La
selección peruana ya tiene nuevamente su estilo, a lo que le sumó temperamento, una
condición psicológica que siempre fue una duda en nuestro gitano fútbol.
Perú equilibró por momentos el temperamento paraguayo, lo demás fue
talento, improvisación y técnica.
Con un estado físico impecable que le permitió un desgaste mental y
emocional fuerte; se valora el trabajo científico del Prof. Alejandro Riccino y junto al
él, otro pilar del Prof. Maturana, Pedro Antonio Zape guerrero de mil batallas y que
ahora, desde la responsabilidad del manejo de los arqueros de la selección peruana, nos
ha brindado un Ibáñez más lúcido, mejor trabajado y con más convicción.
Que la fiesta continúe en las calles pero que la ponderación y la
tranquilidad reine en el equipo peruano y le permitan seguir alimentando su única arma
visible hasta ahora: "el buen fútbol".
PROF. ROBERTO MOSQUERA VERA
EX-SELECCIONADO PERUANO
DIRECTOR TECNICO TITULADO