"Se han vuelto llorones"
Por Luis Puiggrós Planas

Usted Amigo lector, ha visto a un dirigente, o algún entrenador, o algún jugador o algún periodista, quejarse del árbitro cuando su equipo o selección gana algún partido. La respuesta es un rotundo NO.

Sólo se quejan los perdedores o los mediocres o los faltos de clase. De un tiempo a esta parte Sudamérica que en todo le sigue los pasos a la Argentina se ha vuelto un coro de quejas cuando el resultado le es adverso. Que el árbitro, que no participaron mis titulares, que tuve cinco oportunidades de gol, que la altura, que el frio, que el calor etc., son excusas que están a flor de labio de los perdedores, de los mediocres.

Los primeros en aplicar esto fue la Argentina, que cuando iban ganando o ganaban era un coro de señoritas, levantaban al rival, lo atendían etc., pero cuando perdían arrasaban con todo, lo que les valió el mote de llorones, que no sabían perder.

Luego aplicaron el antifútbol, cuyos principales artífices fueron el estudiante de la Plata de Zubeldía o los equipos de Bilardo, se acuerdan de la famosa frase que espeto cuando entrenaba al Sevilla y un jugador de su equipo fue atender a un rival de la Real Sociedad, que la escucho toda España, porque el partido se televisaba en directo " No lo levantes, al rival hay que matarlo ".

Hasta que aparecieron Peckerman, Bielsa, Tocalli, Bianchi que le cambiaron la mentalidad al fútbol Argentino, hoy donde juega se hace acreedor al Fair Play o juego limpio.

Porque se han dado cuenta que generalmente el que juega mejor gana o porque tienen clase y en vez de reclamar y llorar, se guardan esto y la mejor manera de hacerlo es apretando los dientes ante la supuesta adversidad y dar lo mejor de si para revertir la situación.

Mientras que Argentina venia a Europa donde nadie se queja de nada, la excepción confirma la regla, Sudamericana sigue quedada en el tiempo siguiendo los antiguos pasos de su profesor la Argentina. No hay partido en el medio Sudamericano, excepción hecha en Argentina, que le eche la culpa al empedrado, como el cojo, cuando pierde no hay autocrítica.

El Perú no puede ser la excepción. No existe partido que el perdedor no le eche la culpa a alguien de su derrota en especial a los árbitros. Este es un signo de falta de clase porque es más fácil llorar como mujeres, que defender sus derechos como hombres sobreponiéndose a la adversidad sin chistar y lograr la meta.

Hoy en el campo nacional eleva la voz cantante. Se ha vuelto un equipo de llorones. Revertamos la situación y echemos una mirada a Europa donde está el desarrollo integral del fútbol. Esta falta de clase, de jerarquía del fútbol peruano se ve en la historia. Cuando se tiene que ganar el partido se pierde, cuando no se disputa nada se hace un gran partido. Revisen la historia. Llorar por todo es ser falto de clase, de jerarquía, de calidad.

 

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