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Carlos M. Adrianzen Cabrera.
(*)

Esfumada la casi explosiva efervescencia de los sucesos asociados con la intermitente -y accidentada- publicación oficial de los resultados del proceso electoral del nueve de abril pasado, todo parecería aclararse en función a una nueva ronda electoral entre las dos vertientes más votadas. Sin embargo, sí tomamos algo de tiempo para enfocar las cosas en perspectiva, encontraremos que los poco transparentes sucesos observados a lo largo de la primera vuelta electoral, ni han sido fenómenos inocuos para el país ni han sido resultado de una coyuntura políticamente inusual. Y es que -para la imagen y calificación de riesgo país- no solamente ha sido negativo el alto ruido político de un proceso electoral plagado de denuncias y de posiciones estridentes. Sobre este griterío no debemos ignorar los impactos negativos de otros dos fenómenos superpuestos.

El primero se refiere a la extrema pobreza. Pero a la extrema pobreza de las propuestas de política económica esbozadas –y escasamente discutidas- a lo largo de la primera vuelta, justamente, por las dos agrupaciones "ganadoras". Ambas agrupaciones –los dos Perúalgo- se enfrascaron -con un apasionamiento digno de mejor causa-en una suerte de subasta de ofrecimientos de más que cuestionable fundamento técnico (i.e.: Aumentos de salarios, Profames, Bancos Agrarios, Barreras Arancelarias etc., etc.). Y así, ambas lograron alejar del debate electoral, las agendas pendientes en términos del avance de la reforma estructural, de las denominadas reformas de segunda generación, de las privatizaciones o de la introducción de esquemas consistentes de estímulo a la inversión en capital humano.

Es decir, sistemáticamente, evitaron tocar ésas materias que nuestra nación requiere para competir en la arena global. Esta situación, tanto o más que los ruidos políticos de la semana pasada, ha alimentado percepciones desfavorables sobre el riesgo futuro de hacer negocios con nosotros, dentro de la apreciación de una sociedad inestable y políticamente opuesta a continuar reformando sus instituciones, su aparato estatal y sus sectores productivos. Las dos alternativas parecerían congelarse antes de acercarse a temas como la privatización o el libre funcionamiento de los mercados. En cambio –ambos- plantean la necesidad de una mayor intervención de la burocracia en la asignación de recursos.

El segundo fenómeno relevante de esta historia se refiere al grado de voracidad de la lucha política de un país caracterizado por la debilidad de sus instituciones. Nótese aquí que con instituciones timoratas o manipulables, el ocupar un cargo público nunca habría sido un mal negocio y la palabra inglesa "accountability"-o la implementación de los virreinales juicios de residencia- parece estar fuera de nuestro diccionario político. (De hecho sería un extremo exabrupto pensar en un ex -mandatario peruano desempeñando una labor normal en el país, como maestro o taxista. Algunos dicen que viven de sus ahorros. Incluso alguno que nunca trabajó).

Por esto, el administrar el gobierno bajo estas circunstancias sí que despierta pasiones. No solo observamos odios viscerales y fenómenos de voto escondido, sino que no son raros los episodios de nuestra historia reciente en los cuales grupos de oposición o del gobierno no parecen estar preocupados por la imagen del país con tal de llegar a donde quieren llegar o de mantenerse donde están. Así, algunos -con tal de llegar al poder- son capaces de solicitar sanciones del exterior al gobierno (léase: pueblo) Peruano.

En medio de estas dos voracidades, todo vale. Desde pisotear instituciones, utilizar medios, inventar supuestos resultados de "fuente confiable" o insultar a los encuestadores hasta hablar de más de cientos casos documentados de "faltas graves".

Resulta –sin embargo- de lo más interesante estimado cyberlector destacar cómo ambos bandos medrarían del mismo status quo. Incluso quienes en éstos días denuncian la existencia de un fraude en la primera vuelta, no contemplan –ni en broma- corregir esta situación (vía nuevos comicios más transparentes) en el caso de ganar en una segunda vuelta. Después de todo, lo único que importaría sería llegar al tan ansiado control del presupuesto y de poder político...

Una Reflexión Final

Este es un mundo crecientemente global. Rencillas propias de grupos interesados aparte, el gran reto de esta segunda vuelta implica un cambio diametral en las propuestas. ¿Cree usted que esto será posible?

Antes de responder esta pregunta no olvide algo: independientemente de lo anterior, el globo continúa andando y -con ello- la necesidad de ocupar eficientemente el espacio geográfico políticamente asignado a nuestro país es creciente.

(*) Economista de USIL.

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