Notas sobre el Terror
Latinoamericano a la GlobalizaciónCarlos M. Adrianzen Cabrera. (*)
Cada día, cada uno de nosotros se
ve afectado positiva o negativamente- por la creciente apertura económica, social y
cultural del planeta. Cada uno de ustedes cuando navega en la Internet accede a
interacciones, información y posibilidades de negocios restringidas por su propia
capacidad de explotar circunstancias y oportunidades globales. Este mundo de innovación
humana y progreso tecnológico creciente se denomina globalización y nos cambia a todos.
Frente a él, como nos dice un reciente artículo del staff del FMI (disponible en la net[1])
existen actitudes crecientemente contrapuestas:
El término "globalización" ha adquirido una fuerte carga emotiva. Algunos
consideran que la globalización es un proceso beneficioso --una clave para el desarrollo
económico futuro en el mundo--, a la vez que inevitable e irreversible. Otros la ven con
hostilidad, incluso temor, debido a que consideran que suscita una mayor desigualdad
dentro de cada país y entre los distintos países, amenaza el empleo y las condiciones de
vida y obstaculiza el progreso social .
La Globalización y el Perú
En estos accidentados días post electorales, para nadie es un secreto que la suerte de
la economía y de la política peruanas están atadas al vocablo globalización. Y es que,
simplemente, en la arena global se perdona el pecado, pero no el escándalo.
Nuestro país luego de recibir millones de dólares en capitales externos decidió no
solo dejar de privatizar o desarrollar mercados abiertos sino que incluso implementó
acciones para cerrar su economía y evidenció uno de los procesos electorales más pobres
(por la calidad de las ofertas
económicas de los dos bandos) y menos
transparentes (por las
irregularidades registradas en su administración)
observadas en el hemisferio occidental en las últimas décadas. Hoy día en el Perú
existen fundados temores por las implicancias de la aplicación de resoluciones del
Congreso norteamericano que podrían complicar severamente el corto y mediano plazo de la
nación.
Algunos, ayer exuberantemente globalistas, hoy nos hablan de los límites que hay que
imponer a este proceso (que implica
la creciente integración de las sociedades de todo el mundo, especialmente a través del
comercio y de los flujos financieros, pero también a través de la integración cultural
y la estandarización de las instituciones).
A estos enemigos políticos dado que el aludido fenómeno rompe inercias y
alimenta cambios económicos,
culturales, políticos e institucionales- hay que
añadirle una lista más o menos amplia de enemigos naturales. Estos van desde algún
escritor enamorado de un paisaje (que
se desnaturaliza aceleradamente), o algún técnico
desplazado que no quiere re-entrenarse hasta los intereses de algún empresario latino a
la antigua. Es decir: acostumbrado a gerenciar su negocio sobre la base de los subsidios (precios controlados, insumos subsidiados,
crédito especial, et al) que negociaría con el
gobierno de turno y que hoy se ve obligado a cerrar porque no puede competir con
ofertantes de distintos y cambiantes lugares del planeta. Hoy en día, nos contaba un
empresario de confecciones, "los clientes y la competencia aparecen de todos lados, y
no hay forma de evitarlo". Si el gobierno cierra la economía (con aranceles, sobretasas o prohibiciones), nos insiste: "no sólo aparecen las ofertas informales o el
contrabando, sino que al vernos obligados a operar en un ambiente artificial, pronto las
competitividades y aprendizajes empresariales adquiridos se pierden. No, no nos interesa
la protección al estilo aprista. Al final nuestra forma no vale nada."...
Este cuadro, nos impacta a todos. Si queremos sobrevivir económicamente, no podemos
dejar de entrenarnos y desarrollar competitividades. El drama número uno de nuestro país
implica un nivel de desempleo crecientemente explicado por la innovación requerida para
competir gradualmente. Si una firma peruana opta por utilizar una tecnología menos
intensiva en capital y más intensiva en mano de obra no calificada, da empleo (porque la mayoría de nuestros compatriotas caen
dentro de esta calificación). Pero lo da por muy
poco tiempo. Usualmente sus costos son más altos y su calidad mucho mejor.
Y así difícilmente subsiste o se expande por mucho tiempo más. Los peruanos
parecemos no comprender las implicancias de este cuadro e incluso creemos que nueva
inversión en maquinarias y equipos va a crear muchos nuevo puestos de trabajo en el agro
o en las pymes. Nada más lejos de la realidad.
La innovación tecnológica asociada a la globalización implica una mayor demanda por
capital físico y por trabajadores crecientemente educados y desafortunadamente
también- una menor demanda por trabajadores no calificados (componente mayoritario de nuestra PEA) . Por ello, es la incoherencia de nuestra propia política
económica y no la globalización la causa de que los actuales perfiles de desempleo sean
poco optimistas.
Pero este mismo fenómeno también nos da beneficios. Gracias a ella tenemos acceso -a
un costo menor- a innumerables bienes y servicios, que van desde los servicios de salud o
educación a distancia (esta última
cada día más presencial), la televisión por
cable hasta bienes de capital que disparan la competitividad de aquellos agentes que son
capaces de operar en la arena global.
Frente a esta disyuntiva, los peruanos más allá de nuestras posiciones personales- no debemos ignorar los hechos. Gracias a este fenómeno, nuestro
país sólo en la década
pasada- pudo gastar más de 26 billones de dólares
más de lo que produjo, y su banco central acumuló un saldo de reservas internacionales
sin precedentes en su historia (unos
8.9 billones de US dólares a la fecha). Pudo,
asimismo, elevar su consumo per cápita en más de 12% -en comparación con 1990- y
alejar a más del 15% de la población de la línea de extrema pobreza dejada por García
Pérez.
A modo de Epílogo
Pero la globalización dista mucho de ser una panacea. Si bien florecer en un entorno
globalizado demanda menos sacrificios económicos que los que tendríamos que exigir al
pueblo si optamos por aislarnos -por
cuanto recibimos demandas, conocimientos y recursos del exterior que de otra manera
habríamos tenido que generar nosotros mismos-, la
globalización nos expone al reto de tener que manejarnos responsable y proactivamente.
Crecer en un mundo de intensa competitividad entre naciones requiere de visión, esfuerzo
continuado, coherencia en el manejo macroeconómico de la nación, de instituciones
sólidas y de mercados abiertos (para
desarrollar nuestras propias fortalezas). Por ello,
la historia reciente nos muestra que si bien este fenómeno beneficia a todas las naciones
del globo, beneficia más a las naciones consistentes. Naciones con instituciones débiles
y reformas a medias sólo se benefician también- a medias...
(*) Economista de USIL.
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