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Carlos M. Adrianzen Cabrera, Economía, USIL

Los sucesos del viernes pasado, el video sobre el soborno de un congresista y la oferta presidencial de un nuevo proceso electoral (en el que el Presidente de la Republica ya no participaría), sí que han cambiado el panorama. 

Los escenarios políticos para –incluso- el futuro inmediato tienen hoy día perfiles difíciles de predecir.

Interrogantes fundamentales para la toma de decisiones en casi cualquier ámbito del panorama nacional están planteados sobre el tapete y con niveles de incertidumbre no despreciables...

¿Cuánto tiempo durará la transición?

¿Cómo se dará la transición?

¿Habrán “accidentes”?

¿Quién será el próximo presidente?

¿Qué tipo de políticas intentará aplicar?

¿Qué tipo de gobierno –débil o fuerte- podrá conformar?

Estas serían sólo parte de las preguntas sobre las cuales las respuestas son –hasta ahora- meras especulaciones o sólo buenas intenciones.

Nótese que este nivel de incertidumbre, de alargarse, puede alimentar niveles de confusión y aletargamiento económico de escala impredecible. No sólo mayores índices de riesgo país...

El fondo económico

Paralelamente, sin embargo, el lado económico, inmerso como está en una fase de transición (luego de varios años de reformas a medias), ha configurado sus propios problemas. De hecho, la crisis registrada desde 1997 a la fecha parece estar en proceso de moderada recuperación. Mejoría no exenta de problemas micro y macro. Este cuadro, sin embargo, a pesar de ir acompañado de significativos desalineamientos en tasas de interés y de cambios, tiene la peculiaridad –que merece ser destacada- de implicar ajustes para agentes del sector privado y para la burocracia estatal.

Para los primeros, los ajustes en proceso de materialización significan que en los próximos meses más de uno –no competitivo o sobreendeudado- va a tener que asumir sus pérdidas y, posiblemente, perder todo su patrimonio. Un fenómeno nunca visto en el Perú y que estaría motivando a más de un dirigente gremial a introducirse a la política, y a otros interesados, a financiar candidatos cuya primera prioridad sería la de “salvar a las empresas”, léase: socializar pérdidas.

Paralelamente, el segundo tipo de los ajustes aludidos enfoca lo que hoy en día se denomina reforma del Estado.  Es decir, esfuerzos por tener un presupuesto ligero (léase: más pequeño) y mejor administrado.

En buen español: instituciones autónomas y menos burocratizadas.  Como esta evolución es la negación de la norma prevaleciente en nuestra burocracia estatal por décadas, estos cambios afectan intereses que medran –directa e indirectamente-de la distribución de subsidios y del manejo administrativo del presupuesto de cada dependencia burocrática.

Como usted puede ver, estimado cyberlector, se trata de una fase en la que –en diferentes planos- intereses superpuestos defienden el status quo a como de lugar. Es decir: se están moviendo en orden a anteponer sus prioridades al bien de la Nación. Es decir, al bien común.

Sobre toda esta base de incertidumbre, más de algún iluminado -o interesado- potencial candidato ha comenzado a inflar los problemas económicos de la coyuntura. Todos sabemos que existen problemas fiscales. Todos sabemos que las reestructuraciones empresariales, dentro y fuera del sistema bancario, nos cuestan a todos. De hecho, un ambiente en la cual la cadena de pagos se ha roto (porque muchos aun pueden legalmente dejar de pagar), las quejas proliferan y resulta por demás fácil y popular la pose de criticar todo lo actuado y de buscar el debilitamiento de instituciones.

¿Acaso no hemos oído hablar de la “maldita SUNAT” o de la “falta de reflejos” del BCR (cuando meses atrás no prendió la maquinita) o escuchado críticas a una SBS “enterradora” que en las últimas semanas ha comenzado a aplicar un estricto régimen de supervisión de la solidez bancaria?.

Estimados cyberlectores, hay que tener muchísimo cuidado. En la actualidad, tenemos una serie de problemas que pueden ser superados con un manejo coherente, aunque posiblemente impopular. Si bien el actual gobierno ha sido incapaz de aumentar la tasa de empleo y, por lo tanto, tenemos los mismos altos niveles de desempleo que arrastramos hace veinte años, han existido aciertos ponderables que no hay que despreciar.

Por ello, no nos dejemos traficar.


 

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