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Los
sucesos del viernes pasado, el video sobre el soborno de un
congresista y la oferta presidencial de un nuevo proceso
electoral (en el que el Presidente de la Republica ya no
participaría), sí que han cambiado el panorama.
Los
escenarios políticos para –incluso- el futuro
inmediato tienen hoy día perfiles difíciles de predecir.
Interrogantes
fundamentales para la toma de decisiones en casi cualquier ámbito
del panorama nacional están planteados sobre el tapete y con
niveles de incertidumbre no despreciables...
¿Cuánto
tiempo durará la transición?
¿Cómo
se dará la transición?
¿Habrán
“accidentes”?
¿Quién
será el próximo presidente?
¿Qué
tipo de políticas intentará aplicar?
¿Qué
tipo de gobierno –débil o fuerte- podrá conformar?
Estas
serían sólo parte de las preguntas sobre las cuales las
respuestas son –hasta ahora- meras especulaciones o sólo
buenas intenciones.
Nótese
que este nivel de incertidumbre, de alargarse, puede alimentar
niveles de confusión y aletargamiento económico de escala
impredecible. No sólo mayores índices de riesgo país...
El
fondo económico
Paralelamente,
sin embargo, el lado económico, inmerso como está en una
fase de transición (luego de varios años de reformas a
medias), ha configurado sus propios problemas. De hecho,
la crisis registrada desde 1997 a la fecha parece estar en
proceso de moderada recuperación. Mejoría no exenta de
problemas micro y macro. Este cuadro, sin embargo, a pesar de
ir acompañado de significativos desalineamientos en tasas de
interés y de cambios, tiene la peculiaridad –que merece
ser destacada- de implicar ajustes para agentes del sector
privado y para la burocracia estatal.
Para
los primeros, los ajustes en proceso de materialización
significan que en los próximos meses más de uno –no
competitivo o sobreendeudado- va a tener que asumir sus pérdidas
y, posiblemente, perder todo su patrimonio. Un fenómeno nunca
visto en el Perú y que estaría motivando a más de un
dirigente gremial a introducirse a la política, y a otros
interesados, a financiar candidatos cuya primera prioridad sería
la de “salvar a las empresas”, léase: socializar pérdidas.
Paralelamente,
el segundo tipo de los ajustes aludidos enfoca lo que hoy en día
se denomina reforma del Estado.
Es decir, esfuerzos por tener un presupuesto ligero (léase:
más pequeño) y mejor administrado.
En
buen español: instituciones autónomas y menos burocratizadas.
Como esta evolución es la negación de la norma
prevaleciente en nuestra burocracia estatal por décadas,
estos cambios afectan intereses que medran –directa e
indirectamente-de la distribución de subsidios y del
manejo administrativo del presupuesto de cada dependencia
burocrática.
Como
usted puede ver, estimado cyberlector, se trata de una
fase en la que –en diferentes planos- intereses
superpuestos defienden el status quo a como de lugar. Es decir:
se están moviendo en orden a anteponer sus prioridades al
bien de la Nación. Es decir, al bien común.
Sobre
toda esta base de incertidumbre, más de algún iluminado -o
interesado- potencial candidato ha comenzado a inflar los
problemas económicos de la coyuntura. Todos sabemos que
existen problemas fiscales. Todos sabemos que las
reestructuraciones empresariales, dentro y fuera del sistema
bancario, nos cuestan a todos. De hecho, un ambiente en la
cual la cadena de pagos se ha roto (porque muchos aun
pueden legalmente dejar de pagar), las quejas proliferan y
resulta por demás fácil y popular la pose de criticar todo
lo actuado y de buscar el debilitamiento de instituciones.
¿Acaso
no hemos oído hablar de la “maldita SUNAT” o de la
“falta de reflejos” del BCR (cuando meses atrás no
prendió la maquinita) o escuchado críticas a una SBS “enterradora”
que en las últimas semanas ha comenzado a aplicar un estricto
régimen de supervisión de la solidez bancaria?.
Estimados
cyberlectores, hay que tener muchísimo cuidado. En la
actualidad, tenemos una serie de problemas que pueden ser
superados con un manejo coherente, aunque posiblemente
impopular. Si bien el actual gobierno ha sido incapaz de
aumentar la tasa de empleo y, por lo tanto, tenemos los mismos
altos niveles de desempleo que arrastramos hace veinte años,
han existido aciertos ponderables que no hay que despreciar.
Por
ello, no nos dejemos traficar.
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