Financiero de Peru.comPeru.com

figr_izq1.gif (1695 bytes)
 
Bolsa
Finanzas
Economía
Breves...
Enlaces de interés

Carlos M. Adrianzen Cabrera, Economía & MBA, USIL

Después de los sucesos de recurrente inestabilidad política y de corrupción que ensombrecieron el panorama nacional en los últimos meses, para la mayoría de los peruanos la asunción al poder de una nueva administración liderada por el presidente del Congreso, el jurista Valentín Paniagua, implicó una excelente y prometedora noticia. Más allá de este desenlace, sin embargo, existen interrogantes que sería fundamental ir aclarando en los días venideros.

De este gobierno de transición -y a pesar de los pocos días que ha contado para configurarse- muchos esperan maravillas. Pareciera que los peruanos prefiriéramos olvidarnos que desde hace varios años no sembramos casi nada (en términos de reformas y modernización económica).

Otros –en cambio- anticipan que más bien la agenda de la administración paniaguista no puede escapar del declive de la segunda mitad de los noventa y por ello deberá ser mucho más estrecha. Para estos últimos, la tarea, dentro de lo próximos –largos- nueve meses, implica básicamente que la nación recupere su institucionalidad democrática (al menos la estrictamente formal) y que muestre capacidad para administrar un proceso electoral impecable. Más allá de esto, lo usual es que se tienda a subestimar el “resto” de la responsabilidad del nuevo gobierno: el manejo de una coyuntura y tendencias económicas inquietantes. Esta subestimación puede resultar muy cara para la nación.

Es menester no olvidar que se asume el control de la nación luego de casi dos años de creciente incertidumbre política –incluyendo aquí un proceso electoral turbio y repleto de propuestas demagógicas- y de más de cinco años de congelamiento –cuando no reversión- de las reformas estructurales y de las privatizaciones.

Aquí, estimados cyberlectores (y a riesgo de ser percibido como otro lúgubre economista más), los problemas a gerenciar ni son pocos, ni guardan una escala a la que podríamos denominar como moderada o manejable. Consumida la mayoría e las “joyitas de la familia” (producto de las privatizaciones), los recursos con los que se cuentan para suavizar los ajustes pendientes tampoco son abundantes. Por ello, los márgenes de acción son muy estrechos.

Por un lado tenemos un severo déficit fiscal (que amenaza la estabilidad económica alcanzada en los últimos años) asociado al colapso de la inversión privada (reflejo del desmantelamiento de las reformas estructurales y de la continua postergación de las privatizaciones) y por otro, la acumulación de una suerte de “bola de nieve” de cuadros de reestructuración micro –fusiones, adquisiciones y quiebras empresariales- pendientes de materializarse, configuran un panorama económico muy espinoso. 

Estos tres factores, implican no sólo la necesidad de que el gobierno de transición tenga que hacer gala de responsabilidad y visión –léase de austeridad y respeto a las autonomías institucionales- en su manejo fiscal y monetario, y que, adicionalmente tenga la determinación de priorizar salidas de mercado en un contexto en el que muchos agentes quebrados o no competitivos (léase: en proceso de quiebra), presionen al nuevo gobierno por la introducción de medidas de “apoyo” a las empresas (i.e.: que socialicen sus pérdidas y errores de gestión pasados).

Dentro de esta perspectiva, sin embargo, no queda muy claro sí la recién nacida administración paniaguista -un gobierno de ancha base opositora (léase: un gobierno conformado para la oportunidad y sin bancada congresional que lo respalde)- será capaz de gobernar el país enfrentando múltiples exigencias gremiales, regionales y hasta políticas; en medio de una coyuntura económica espinosa. Es decir, como veremos más adelante, dentro de un ambiente económico muy fácil de deteriorar y muy, pero muy difícilmente, mejorable al nivel que no pocos peruanos ansían (aunque con flacos fundamentos).


 

I quiero.com