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Aunque
usted no lo crea, muy estimado cyberlector, en el
hemisferio occidental, existe una nación pequeña y
empobrecida– y muy lejana al Perú, claro está-
cuyos habitantes, hace no muchos años atrás, hartos de
continuas devaluaciones y recesiones, decidieron saltar al vacío.
Así, eligieron, esperanzada y masivamente, a un individuo que
nunca había trabajado, que presentaba un definido perfil
psiquiátrico de drogadicción -no evidenciado jamás por
la TV local- y que a lo largo de su campaña electoral sólo
les ofreció una alta dosis de optimismo sin mayor fundamento.
Así,
el personaje indicado, les vendió la idea de un Futuro
Diferente. Un futuro con prosperidad para todos:
campesinos, trabajadores urbanos, exportadores e importadores,
burócratas, rentistas locales, banqueros, en fin a todos (los
electores). Nótese, todo esto mágicamente: sin esfuerzos
y sin ajustes.
Desdichadamente
para todos (los que lo votaron, los que no lo votaron y los
que hicieron negocios legales con esta nación), este
futuro de prosperidad económica sólo habría sido alcanzado
por el personaje, por sus familiares y por sus allegados menos
escrupulosos.
Su
gobierno, al final de su mandato, arrastró a esta nación a
una situación de extremo colapso económico -una
hiperrecesión con hiperinflación- y político –habiendo
cedido el control de un porcentaje significativo de su
territorio a la guerrilla maoísta y al narcotráfico-.
Sus últimos días estuvieron sellados por acusaciones, repletas de testigos y cuentas secretas, que cotejaban un
cuadro de generalizada corrupción.
Años
más tarde, esta misma nación -que no es el Perú, insisto-
mostró su alto y recurrente déficit de cautela (o superávit
de incautos, sí así lo deseasen ver) al elegir a otro
individuo del que virtualmente no se conocía otra cosa que su
apariencia física. De hecho, no era nada parecido a un lugareño
o un mestizo. No disponía de programa, ni de equipo, ni de
partido político, ni de asesores conocidos.
Al
margen de su dejo asiático, les hablaba –también-
con un exuberante optimismo. Frente al desproporcionado
colapso económico y político que heredó, ofreció lo que le
gusta a la gente (en Incautos Land): las salidas mágicas.
Su promesa, la primera vez, sostenía palmariamente que no había
que ajustar la economía, ni que privatizar, ni que reducir la
emisión de dinero o el gasto fiscal. Dicen que, a esta
propuesta electoral, los lugareños incautoslandianos
le denominaron la oferta del No-shock. Y así, otra vez,
se optó por saltar al vacío...
De
este modo, en su primera elección, este señor que toda su
vida se había desempeñado como profesor de matemáticas,
ofreció sencilla y exitosamente lo que el país adolecía: Honradez,
Tecnología & Trabajo. Como no pudo cumplir con sus
promesas –el shock era ineludible y las privatizaciones
muy necesarias sí quería tener más de un dólar para gastar-
pero sí mejoró la situación del país, los incautolandianos
olvidaron fácilmente la ruptura de las promesas iniciales e
incluso lo reeligieron una vez más. Esto, incluso, sin
mayores requerimientos de demagogia u optimismo desmesurado.
Como
en su segundo gobierno ya había venido cediendo a las
presiones de los gremios, relajado disciplinas fiscales y
monetarias y había dejado de reformar o privatizar (i.e.: de
hecho la revista Newsweek ya lo catalogaba como
neopopulista), la situación económica se deterioró drásticamente.
Es justo destacar que no lo ayudó mucho el que su
desvalorización como plaza emergente se diese simultáneamente
a las crisis globales de fines de la década pasada. Pero así
es la vida...
Así,
el personaje aludido se vio obligado –otra vez- a
vender la vieja pócima de un optimismo carente de fundamentos.
Esta vez nos cuentan que vendió -o intentó vender- el
atractivo eslogan de Un País con Futuro...
Lo
último que hemos sabido de este ex presidente es que,
pocos meses después de su tercera elección (a continuación
de un proceso electoral irregular), renunció desde el
exterior, y que no pudo ser extraditado al estar protegido por
su verdadera nacionalidad. Así, él también concluyó su
gestión dejando al país inmerso en una angulosa recesión y
ensuciado por acusaciones filmadas de mega corrupción.
Algunas
Inquietudes Incautolandianas
Más
allá del acento optimista –o populista- que
caracterizó el “exitoso” perfil electoral de estos dos
personajes y más allá de las secuelas de decepción,
corrupción y crisis que precedieron a sus presidencias,
destaca el fondo. Lo incauto de un electorado –y hasta de
un sistema electoral- enfermo por ser optimista.
Enfermo
a tal extremo de ser capaz de elegir sin ponderar. Sin
cuestionarse qué ofrecen los candidatos más allá de la
palabrería y el optimismo verbal.
Frente
a los problemas y las presiones que estos imponían (con
necesidades de ajuste incluidas), en Incautos Land
se saltaba al vacío.
Muy
pocos, sí acaso alguno, se preguntaban: ¿Cuáles son los
perfiles personales previos de estos candidatos?¿Quiénes
conforman sus equipos de gobierno? ¿Quiénes los respaldan? Sí
ofrecían crecimiento ¿Cómo concretamente van a captar la
inversión requerida? Sí ofrecían empleo ¿Cómo lo van a
crear sostenidamente? Sí ofrecían educación o salud masiva,
¿De dónde sacarán los recursos? ¿Cuadran –acaso-
sus propuestas?
Dicen
que ésta nación –de la que insisto por última vez que
(tal vez) no sería el Perú- estaría por elegir un nuevo
presidente.
Preocupante...
¿No?
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