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Carlos M. Adrianzen Cabrera, Economía & MBA, USIL

En medio del actual proceso electoral, una línea lo divide todo: el fujimorismo. Los malos, corruptos, ineptos y neo liberales son fujimoristas. Los buenos, diáfanos, brillantes y Tony Blair cholos son no fujimoristas. Esta línea, sin embargo, no tiene trazo muy claro. Existen los fujimoristas explícitos, los fujimoristas parciales, los seudo fujimoristas, los fujimoristas implícitos y hasta los fujimoristas encubiertos. Todos los involucrados en el proceso electoral luchan desaforadamente por no ser ubicados cerca del régimen anterior. Particularmente, lejos de un asesor muy buscado pocas semanas atrás.

Existe, sin embargo, un gran vacío en esta discusión. Más allá de la sinuosa línea de lo que caracterizaría el fujimorismo político (los patrones de gobierno del aludido régimen), poca gente parece entender el significado del vocablo fujimorismo desde un punto de vista económico. Aquí, muy estimado cyberlector, nos interesa enfocar este punto. Haremos esto bajo una perspectiva muy sencilla. Definiremos el fujimorismo económico (tal como lo definíamos mucho antes de su caída) y desarrollaremos un sencillo test que usted podrá marcar en su casa y compartir con sus amigos más cercanos (Recomendación: No les indique cuál es el objetivo de la prueba).

Discusión Previa: ¿Qué es Fujimorismo Económico?

Hace algún tiempo, en una conocida revista de negocios , escribimos un artículo que buscaba identificar cuál era el tipo de acciones –insisto, no el discurso- que caracterizaban la política económica del gobierno del ingeniero Fujimori Fujimori. En este breve artículo (¿Cuál Fujimorismo?), contraponíamos el discurso con los hechos. Allí destacábamos dos cosas. La primera era que el enfocar el fujimorismo económico no podía tomar en cuenta el accionar de esta administración a inicios de los noventa, cuando sus márgenes de acción eran en extremo reducidos. No existían Reservas Internacionales para dilapidar, el país estaba aislado internacionalmente (era inelegible en cualquier operación con organismos multilaterales), la recaudación tributaria apenas superaba el 3% del PBI y la producción y la demanda interna se contraían a ritmos cercanos al 10%. No ayudaban tampoco el vivir en medio del contexto hiperinflacionario más largo de la historia del hemisferio occidental, ni que el sistema financiero doméstico (entonces el mercado de capitales) había virtualmente desaparecido.

Lo que se hizo, se tuvo que hacer. A los pocos meses de haber nombrado un ministro que trató de aplicar la estrategia del “no-shock” vía un shock a medias, se tuvo que llamar a un tecnócrata para que estabilizara una hiperinflación que parecía rebrotar. Por lo tanto, hay que ser claro en esta dirección. El manejo de estos días y las reformas aplicadas, ni fueron consecuencia de la visión política del régimen, ni configuraron algo opcional. Así, acabada la necesidad de ortodoxia y de reformas, cuando los influjos de capitales comenzaron a llegar al país, se despidió al ministro y así, el fujimorismo se pudo desarrollar en su plena expresión.

En segundo lugar, también descubríamos que si analizábamos cuidadosamente las líneas de gobierno económico, digamos, desde 1994 , encontraríamos características de gobierno definidas. A esto, es a lo que con toda justicia podríamos calificar como fujimorismo económico. Es decir, un esquema que -manteniendo un discurso basado en las reformas de mercado- no solamente no las continuó avanzando, sino que las revirtió relajando además la disciplina del manejo del corto plazo.

Más allá de las visiones ideologizadas, estos son los hechos. A Fujimori y a sus más cercanos colaboradores, les encantaba la intervención del gobierno. Existía una suerte de terror al mercado. La flotación cambiaria era, por ejemplo, sólo una flotación “a medias” y era acompañada de un patrón de inyección monetario definidamente expansivo . Algo así como disciplina monetaria también a medias. 
Al Fujimorismo no lo caracterizaba ni la consolidación de instituciones capitalistas, (el desarrollo de instituciones como un Poder Judicial eficiente, un INDECOPI autónomo, un poder electoral diáfano, et al) ni las soluciones de mercado (las barreras de entrada se vendía –a lo Telefónica- y las quiebras se postergaban ad infinitum. Lo caracterizaba, en cambio, las sobretasas para los amigos, las Cajas Rurales y los fondos de COFIDE a nunca pagar (es decir, híbridos del Banco Agrario), el dejar de privatizar -o hacerlo buscando maximizar los ingresos -, las compras de cartera, los FOGAPI, los UOPE, los esquemas de regulación prudencial tibios, los quebrados flotantes por algún régimen de reestructuración o fraccionamiento, y –fundamentalmente- una creciente presencia estatal. No nos olvidemos que con Fujimori el presupuesto del gobierno central llegó a escalar los once billones de dólares. Y que éste se financió, fundamentalmente, repletándonos de impuestos al consumo y a la creación de puestos de trabajo. Este es el fujimorismo económico y, como cualquiera puede apreciar, tiene tanto de liberal o de neo-liberal, como de sentido económico alguna de las propuestas del actual proceso electoral.

 

No

1. ¿Es el mercado un mecanismo salvaje?

 

 

2. ¿Es necesario crear un Banco que regale el crédito para salvar al agro nacional?

 

 

3. ¿Es necesario proteger a la industria nacional con un arancel escalonado?

 

 

4. ¿No es un crimen dejar quebrar a las empresas “viables”?

 

 

5. ¿No es acaso una responsabilidad del presupuesto estatal luchar contra la pobreza?

 

 

6. La privatización tiene por objeto fundamental vender a buen precio “las joyitas de la familia”

 

 

7. Las tarifas deben ser reguladas al punto en que los consumidores queden felices.

 

 

8. La autonomía de las instituciones debe tener los límites que imponga el gobernante de turno.

 

 

9. La propiedad privada es algo muy relativo. En el agro, por ejemplo, no debe existir.

 

 

10. El dólar debe ser libre, pero el BCR debe asegurarnos que éste no se dispare.

 

 

Criterios para la Evaluación de sus resultados

1. Muy estimado cyberlector: Lamento informarle que, si todas sus respuestas son positivas, usted -quizás sin saberlo- es un desalmado fujimorista en materia económica, con todos los atributos que usted mismo les asigna.

2. Si en cambio todas sus respuestas son negativas, usted -quizás sin saberlo también- es un desalmado neoliberal, con todos los atributos que usted mismo les asigna. Posiblemente usted viva fuera del Perú, en un país desarrollado, apreciando que estas reglas. imperfectamente, funcionan.

3. Si sus respuestas son en parte positivas y en parte negativas, es usted configura nítidamente el perfil de perfecto fujimorista. Esto, debido a que sólo prevalecerán las opciones asociadas a sus respuestas positivas. Cualquier parecido a toda la gama de opciones electorales de estos días, podría no ser una casualidad.

Advertencia final

Es importante alejar de esta prueba a los compañeros de cierto partido o, más precisamente, agrupación c. f. d. l. para fines electorales, liderada por un conocido repatriado de Bogotá y París. La razón es muy sencilla: su receta es la más vívida extrapolación del fujimorismo (algo que podríamos denominar como un hiperfujimorismo).


 

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