| La primera comunicación sobre el combate, dirigido por el
comodoro Riveros al ministro de marina señalaba: "Huáscar hecho pedazos. Miguel Grau murió en combate. La tripulación
del blindado peruano resistió heroicamente".
El parte oficial del comandante La Torre añadió:
"La muerte del contralmirante peruano, don Miguel Grau,
ha sido, señor comandante general, muy sentida en esta escuadra, cuyos jefes y oficiales
hacían amplia justicia al patriotismo y valor de aquel notable marino".
A su vez el gobierno chileno envío a Riveros el siguiente
mensaje:
"Según la relación de usted, el almirante Grau ha
muerto valientemente en el combate.Cuide usted que su cadáver sea dignamente sepultado de
manera que jamás se dude de su autenticidad. Será devuelto al Perú cuando lo reclame.
El pueblo obedeciendo a sus tradiciones se hace un deber en prestar homenaje al valor y la
honradez".
El despacho del corresponsal del diario El Mercurio, Z.
Freire, quién visitó la nave luego del combate, detalló el estado de la nave, epílogo
de la intensidad de la lucha que enfrentaron los marinos peruanos:
Pintar la escena de desolación y carnicería que
ofrecía la cubierta y entrepuente del Huáscar al finalizar su resistencia es tarea más
difícil que suponerla. La cubierta era invadida por los heridos a quienes se traía
arriba con objeto de sacarlos de la atmosfera pesada y cargada de humo que abajo se
respiraba. Lo que una vez fué cámaras, salones y camarotes, era ahora un hacinamiento de
madera trozada, ropa despedazada, miembros humanos, sangre y cascos de granadas en
horrible confusión; los pasillos de la torre estaban sembrados con los restos de
marineros muertos en ella o manejando las cigueñas con que se les hace girar, y por
cualquier parte del buque o donde se volviera la vista no se presentaban sino ejemplos de
los efectos increibles producidos por la explosión de las granadas Palliser de los
blindados
Al día siguiente del combate se realizaron las honras
fúnebres en honor a los muertos del Huáscar, en presencia del ministro de guerra en
campaña, Rafael Sotomayor, el comandante en jefe de la escuadra, Galvarino Riveros y los
comandantes de las naves. os batallones Chacabuco y Zapadores formaron para la ocasión y
las tropas del primero rindieron honores al almirante Grau y a cada uno de los oficiales y
tripulantes muertos en combate.
La captura del Huáscar otorgó finalmente a Chile el dominio
absoluto del mar, después de que su flota entera se batiera por casi seis meses contra
aquel extraordinario barco y le dio campo libre para iniciar las operaciones terrestres,
cuyo primer paso sería el desembarco en Pisagua. Al Perú sólo le quedaban los vetustos
monitores Canonicus, la corbetas Unión y Pilcomayo, la cañonera Arnao y las torpederas.
Ninguno de estos barcos estaba en capacidad de enfrentar a los fuertes acorazados chilenos
-a los que pronto se uniría el capturado Huáscar- aunque si prestaron invalorable apoyo
en llevar necesarios pertrechos a las guarniciones peruanas en el sur, rompiendo
diestramente los bloqueos impuestos por el adversario.
Si bien ya no habrían acciones navales de envergadura se
produjeron dos enfrentamientos que dejaron en claro la determinación de los marinos
peruanos pese a su desventaja. El 24 de mayo de 1880 la moderna torpedera chilena Janaqueo
fue destruida durante el denominado primer combate de torpederas por la lancha peruana
Independencia, al mando del teniente José Galvez. No obstante haber sido impactada por un
proyectil, la Independencia embistió contra el adversario y Gálvez, a mano, le lanzó
una granada que la hundió. Posteriormente, el 6 de diciembre de ese año, en el segundo
combate de torpederas, la cañonera Arnao hundió a la torpedera Fresia. Los peruanos
asimismo hundieron la goleta chilena Covadonga y el transporte Loa.
Al margen de esos hechos sin embargo, para todo efecto la
guerra en el mar había concluido, lo que dio paso a la campaña terrestre con un
desembarco en el puerto de Pisagua y el inicio de cruentas batallas. En noviembre de 1879
la Pilcomayo resultó capturada en combate; el 22 de diciembre la torpedera Guacolda
resultó igualmente capturada; en julio de 1880 el Manco Capac fue hundido por su
tripulación luego de la batalla de Arica; y, en 1881, para evitar que cayeran en poder
del enemigo, el gobierno ordenó incendiar y hundir las restantes naves de la armada: la
corbeta Unión, el monitor Atahualpa, la cañonera Arnao, las torpederas y todos los
transportes. Con aquella acción,la marina peruana dejaría de existir temporalmente,
hasta que se produjo su renacimiento, a fines del siglo XIX (29).
Miguel Grau y el Huáscar habían realizado una campaña
extraordinaria, habían luchado contra la adversidad y contra una gran escuadra y dentro
de las limitaciones habían logrado resultados que pocos han podido igualar en la historia
naval moderna. El Perú ganó en Grau un héroe de envergadura reconocida por el propio
pueblo chilenos y de otras naciones (30).
En cuanto al Huáscar, luego de las reparaciones a las que
fue sometido, se le integró a la escuadra chilena con el mismo nombre. Participó sin
pena ni gloria en el bloqueo naval de Arica y en febrero de 1880 fue impactado por un
proyectil del Manco Capac, pereciendo en la acción su nuevo comandante, don Manuel
Thomson. En 1882, sufrió algunas modificaciones en los astilleros chilenos, donde se le
agregaron dos cañones Elswick de 10 pulgadas, mientras que a la Torre Coles se le
incorporó un sistema de rotación a vapor. Sin embargo, el legendario barco no vio más
acción durante la guerra. Participó, si,en la guerra civil chilena que enfrentó al
presidente Balmaceda con el congreso en la última década del siglo XIX. En 1901, tras el
estallido de una cañería a vapor que causó la muerte de catorce tripulantes, la nave
quedó inutilizada. Reparada parcialmente sirvió estática, en puerto, al servicio de la
fuerza chilena de submarinos. A partir de 1930 el blindado permaneció anclado en el
arsenal de Talcahuano. Veintidós años después, fue convertido en museo y junto con el
legendario Victoria de Nelson, es uno de los pocos barcos del mundo que habiendo servido
en distinguidas acciones navales, aún se preserva intacto.
Aquel barco-museo hoy es un monumento a la memoria de los
heroicos marinos que lo tripularon. Una placa de bronce colocada por la marina chilena en
el camarote que perteneció al almirante Grau señala:
"Comandante peruano Miguel Grau. Héroe y caballero que
murió en el combate de Angamos".
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