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El
10 de julio las fuerzas del general Cáceres reanudaron la
marcha sobre Huancayo resueltos a continuar la lucha, pero del
Canto había evacuado ya la población dirigiéndose a Jauja,
por la cual la capital de Junín fue recuperada por las
fuerzas peruanas.
En
su repliegue, el coronel chileno llegó, como estaba previsto,
a Concepción, donde descubrió los cadáveres de sus compañeros
caídos. Acto seguido y continuando con la secuela de sangre y
destrucción vivida en las últimas 24 horas, ordenó en
venganza fusilar sin contemplaciones a montoneros y residentes,
hombres, mujeres y ancianos, e incendiar las viviendas y
arrasar con el pueblo. A continuación del Canto, por
iniciativa del comandante del regimiento Chacabuco, dispuso
que los corazones de los cuatro valientes oficiales fueran
retirados de sus cuerpos para ser transportados a Lima(10).
Luego concluyó el paso de su ejército por Concepción con la
siguiente proclama:
"Soldados
del Ejército del Centro: Al pasar por el pueblo de Concepción
habéis presenciado ese lúgubre cuadro de escombros y cuyo
combustible fueron los restos queridos de cuatro oficiales y
73 individuos de tropa del Batallón Chacabuco Sexto de Línea.
Millares de manos salvajes fueron autores de tamaño crimen;
pero es necesario que tengáis entendido que los que
defendieron el puesto que se les había confiado eran chilenos
y que, fieles al cariño de su patria y animados por el
entusiasmo de defender su bandera, prefirieron sucumbir todos
antes que rendirse. Los que perecieron en Concepción en
defensa de nuestra querida patria han obtenido la palma del
martirio; pero una i mil veces benditos sean, puesto que su
valor y sacrificio les ha dado derecho a la corona de los héroes".
Las
debacles sufridas motivaron al comando chileno apurar la
retirada de la sierra central, lo que lograron al trasponer el
puente de la Oroya, que no había podido ser destruido por el
coronel Tafur. Cáceres entonces se hizo dueño del valle del
Mantaro. A continuación estableció su cuartel general en
Tarma y se dedicó a reorganizar su ejército. Su objetivo había
sido parcialmente logrado. Para enero de 1883 ya contaba con
3,200 hombres instruidos, equipados y disciplinados.
Ante
las dificultades que aún representaba alcanzar un tratado de
paz con la presencia de ese ejército opuesto a todo tipo de
cesión territorial, el contralmirante Lynch determinó enviar
una nueva fuerza contra Cáceres, esta vez integrada por tres
divisiones al mando de los coroneles García, del Canto y
Arriagada, este último en su calidad de comandante en jefe.
Ante el avance de aquella fuerza expedicionaria, el ejército
de la Breña debió replegarse hacia Cerro de Pasco y de ahí
a otras remotas regiones andinas.
No
obstante a las penalidades sufridas, el 7 de julio el ejército
peruano decidió presentar batalla a sus perseguidores. El 9 y
10 de julio de 1883 el general Cáceres, al mando de 1700
hombres, atacó en Huamachuco a la fuerza del coronel
Alejandro Gorostiaga integrada por 2,000 efectivos muy bien
armados y pertrechados.
El
combate fue largo e intenso y estuvo a punto de ser ganado por
los aguerridos peruanos, pero cuando sus municiones comenzaron
a escasear, el escenario cambió a favor de los chilenos,
quienes finalmente se impusieron. Los peruanos perdieron casi
la mitad de sus hombres, entre ellos un altísimo porcentaje
de valientes oficiales. Entre los muertos se encontraba el
coronel Gastó, jefe del ataque peruano en Concepción. Los
heridos, por su parte, fueron sumariamente ejecutados por órdenes
de Gorostiaga, cuya acción lo califica como un criminal de
guerra del siglo XIX.
Con
este sangriento episodio se cerró la campaña de La Breña,
que marcaría asimismo el final de la Guerra del Pacífico.
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