El
Oscar no es solo una estatuilla dorada
de perfil circunspecto, sino también
un objeto portador de emociones, de
esperanzas y de talento desarrollado
por una de las pocas actividades tecnológicas
que mantiene un romance inmortal con
la estética: el cine.
Fue
un curioso comentario de la secretaria
de la Academia Margaret Henic, quien
evocó a su tío Oscar
al ver esta estatuilla, el que la
bautizó. Con el tiempo, el
Oscar como objeto ha sufrido solo
leves variaciones en función
de su belleza. |