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Ahora bien, este retorno debería ser considerado, más allá de los escandaletes de personajes tan apáticos y nauseabundos como la mismísima señora Medina, como un nuevo intento por encaramarse al poder de las masas, pero de las masas ignorantes.
Es cierto, la pseudoperiodista Magaly Medina, considerada por muchos televidentes de lucidez ligera –por no decir febril– como “el paradigma del 2008”, retorna a las pantallas después de vacacionar en las tierras del Tío Sam, aparentemente recobrada de su breve período penitenciario.
Sin embargo, muy al margen de las razones de su encarcelamiento, es necesario que la señora Medina, incapaz de realizar “meas culpas”, considere al menos que la intocabilidad que ella misma pregonaba ha desaparecido por completo.
Los ídolos de barro se desmoronan más rápido. Nuestra televisión –hablo de la nacional o de señal abierta, como– se ve constantemente bombardeada por programas grotescos y de baja calidad, ni qué decir de los moldes conductuales que ciertos personajes pregonan como verduleras en paradita, y, por supuesto, el perfil delincuencial que los medios de comunicación insisten en empalagarnos cada poro del cuerpo, como si en el Perú existiera sólo delincuencia, asaltos, asesinatos, etc.
Esa es la televisión que heredarán nuestros hijos, y por si fuera poco, la señora Medina marketea su retorno triunfal a las pantallas, desperdiciando así la oportunidad de ejecutar una catarsis que la sacara de tan deplorable estado de miseria espiritual. Es un hecho, para el “Dios Verde” no hay imposibles.
Ahora bien, este retorno debería ser considerado, más allá de los escandaletes de personajes tan apáticos y nauseabundos como la mismísima señora Medina, como un nuevo intento por encaramarse al poder de las masas, pero de las masas ignorantes que únicamente disfrutan de este y otro tipo de programas porque no tienen ninguna otra opción, porque se las circunstancias se las niegan o porque verdaderamente somos un país de morbo irrefrenable, y si consideramos que somos animales de costumbres…
Es cierto que depende de cada uno que las futuras generaciones se adhieran a la masa o aprendan a elegir, y para ello es necesario conocer. Conocemos ya a la señora Magaly Medina, lo suficiente como para poder emitir un juicio desaprobatorio en cuanto a enriquecimiento televisivo; quien únicamente se enriquece –y esta vez hablo de dinero– es ella, el canal y sus auspiciadores.
Pero contrario a lo que debería ser –porque el Perú es el país de las mil y un maravillas–, tal parece que la masa lanzará vítores de jubileo cuando aquella pésima periodista de escandaletes –ni siquiera de espectáculos– salga al aire y empiece a dirigirse a aquellas mentes febriles como bien sabe hacerlo, con su pésimo lenguaje, su juicio hueco y haciendo escarnio de personajes tan mórbidos y flatulentos como ella. Es una simbiosis, una parasitosis.
¿Permitiremos que el morbo regrese a nuestra anémica televisión local? No podremos impedir su retorno, es claro, pero sí podemos darle la espalda a lo vulgar, a lo grotesco, al morbo que representa una Magaly Medina endiosada con la miseria humana de las masas, mórbidas, grotescas y vulgares como su programa. La decisión está en nosotros.
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