La celebración en 1968 de los Juegos de México, deportivamente brillantes, quedó empañada por los trágicos sucesos de diez días antes en la Plaza de las Tres Culturas, en la que murieron cientos de personas cuando las fuerzas del orden abrieron fuego contra una revuelta estudiantil.
Entre la lluvia de récords en las pruebas de atletismo y natación destacó la marca histórica del estadounidense Bob Beamon en salto de longitud, 8,90 metros, imbatida hasta 1991.
Varios atletas estadounidenses negros aprovecharon los Juegos para reivindicar el poder de su raza. Tommie Smith y John Carlos subieron al podio a recoger sus medallas vestidos de negro, con un puño en alto enfundado en un guante también negro, lo que les supuso su expulsión de la Villa Olímpica.
|