El episodio más triste de la historia de los Juegos se produjo en 1972, cuando ocho terroristas palestinos entraron en las dependencias israelíes de la Villa Olímpica y, tras matar a dos personas, tomaron como rehenes a nueve atletas. Exigían la liberación de 200 presos palestinos.
El asalto de la policía desencadenó una matanza que terminó con 17 personas muertas, entre ellos los nueve deportistas.
En las pruebas deportivas, un nombre para recordar: el del estadounidense Mark Spitz, ganador de siete medallas de oro, una marca aún no superada. Y también una final memorable, la de baloncesto entre Estados Unidos y la URSS.
Los norteamericanos no habían perdido ninguno de los 62 partidos de su historia olímpica pero la racha se truncó en Múnich, con una canasta de Serguei Belov en el último segundo; los perdedores no admitieron la derrota y renunciaron a la plata.
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