Los Juegos saltaron el charco para recalar en San Luis, pese a que Chicago había sido la sede elegida. Allí coincidió de nuevo con una Exposición Universal y, de nuevo, el caos organizativo por la falta de control sobre las marcas y los registros.
Fueron además los primeros Juegos que tuvieron incidentes racistas, ante la participación de personas de diferentes razas, al margen de los blancos, vestidos sólo con taparrabos como exhibición.
Además, debido a la larga distancia con el viejo continente, San Luis sólo acogió a atletas de Alemania, Gran Bretaña, Noruega, Hungría y Grecia, en un total de cien deportistas extranjeros, siendo una de las ediciones en la que España no tuvo representación.
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