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Atenas cierra los Juegos Olímpicos con un homenaje al júbilo humano
(Atenas)
(dpa) - Atenas despidió sus Juegos Olímpicos y dio la bienvenida a Pekín 2008, con una ceremonia colorida y ruidosa, caótica, alegre y desestructurada, con la que hizo un homenaje al júbilo humano en la cuna del olimpismo.
La fiesta comenzó con una explosión de fuegos artificiales y con la música de cinco de los mejores cantantes griegos, que nunca antes habían estado juntos en un escenario, mientras el público y bailarines agitaban pañuelos blancos, en una noche que tocó de luna llena.
A partir de ahí el estadio Spyridon Louis se convirtió en una sucesión de "flashes" de distintas celebraciones griegas con música que saltaba de lo romántico a lo vibrante, del ambiente íntimo al festivo.
El escenario se volvió un campo de espigas de trigo colocadas en espiral para festejar la cosecha. Luego, cientos de personas vestidas con trajes de distintas regiones danzaron sus bailes típicos. Después, la alegría de una procesión de bodas.
De pronto, todo se volvió azul y el cantante Yannis Parios cantó una melodía romántica, mientras veleros se hacían a la mar. Hombres y mujeres celebraron en un bar, en noche de copas. Y sobre el estadio olímpico descendió una media luna.
Música nostálgica acompañó una procesión de luces. Hasta que comenzó un baile alegre alrededor de fogatas y el estadio se volvió rojo. Y más tarde, la música de Zorba el Griego, con el estadio viniéndose abajo por los aplausos rítmicos de la gente.
Después de que los bailarines formaran los cinco aros olímpicos en la base del estadio, como parte de la ceremonia de clausura, se dio paso, por primera vez en unos Juegos Olímpicos, al acto de entrega de medallas de los ganadores de la carrera del maratón.
El italiano Stefano Baldini, ganador del oro, el estadounidense Mebrahtom Keflezighi, plata, y el brasileño Vanderlei Lima, bronce, recibieron sus respectivas preseas. Lima, el único previsor que la había llevado, sacudió sonriente la bandera de su país.
Después, con el estruendo y la luz de los fuegos artificiales, entraron los abanderados de las distintas delegaciones olímpicas, en una procesión de banderas que recorrió todo el estadio.
Y se abrieron las puertas. Todos mezclados, unos corriendo, otros a paso lento, unos haciendo fotos, otros con banderitas, los deportistas y las delegaciones ingresaron en el estadio en un cóctel de razas y nacionalidades.
Luego, los discursos de rigor. "Los Juegos Olímpicos volvieron a casa, y le hemos mostrado al mundo las cosas maravillosas que pueden hacer los griegos", dijo la presidenta del comité organizador, Gianna Angelopoulos.
"Estos Juegos fueron inolvidables", dijo el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge. "Unos Juegos de ensueño", y, dirigiéndose a los griegos, a los que tanto había criticado por la lentitud de los preparativos, exclamó: "Los vencedores son ustedes".
Entonces entraron la alcalde de Atenas y el alcalde de Pekín. Se cantó el himno nacional griego y el chino, tan diferentes uno del otro. Atenas alzó la bandera olímpica y con la bandera en alto avanzó por el estadio. La entregó a Rogge. Y la tomó Pekín.
Y China se apropió del estadio, con música, linternas rojas y representaciones orientales. Luego, la llama olímpica descendió y una niña vestida de blanco simuló tomar su luz entre las manos. La compartió con otros niños y caminó, mientras en el pebetero se apagaba la llama.
Otra vez volvió la música, el baile, los fuegos artificiales, hubo una lluvia de papel picado. Atrás quedó Atenas, la de Zeus y Platón, y llegó el Oriente, que dio al mundo una probadita de la magia que le ofrecerá dentro de cuatro años.
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