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Lima, 7/4/2001

Jennifer Capriati y una lección de vida

 (Lima)En los Juegos Olímpico de Barcelona 1992 apareció una joven de 16 años que acaparó las miradas del público aficionado al tenis debido a su gran destreza dentro de la cancha y por la alegría que transmitía a través de su juego. Era Jennifer Capriati.

Aunque ya antes había ganado el torneo junior de Roland Garros -con sólo 13 años-, su presencia se hizo más notoria durante los juegos celebrados en España, ya que en esos momentos muchos pensaron que estaban frente a una grande del tenis mundial, y no se equivocaron teniendo en cuenta el gran nivel mostrado por Jennifer durante el presente año, en el cual ha ganado los dos Grand Slam de la temporada, el Australian Open y el Roland Garros, y por si fuera poco, está a punto de lograr el tercero en Wimbledon.

Sin embargo, la joven de 25 años tuvo que recorrer un largo camino para llegar al lugar que siempre soñó, aquel sueño que desde muy pequeña añoró, y que en cierto momentos de su vida pensó que no iba a lograr.

Dicen que la fama cuesta y vaya que a ella le ha costado muchísimo, pero no para conseguirla, sino para manejarla. Precisamente el éxito conseguido desde muy pequeña hizo que Jennifer perdiera la cabeza y cayera en el mundo de las drogas, que la llevó luego a cometer delitos menores. En ese momento se pensó que estaba acabada para el tenis, pero ella tuvo la fuerza suficiente para recuperarse y sobre todo para reconocer sus errores y pedir perdón.

Tras perder en octavos de final ante Mónica Seles por 6-4 y 6-3 en el US Open de 1999, Capriati se acercó a la conferencia de prensa con una carta en la que decía: " Esto fue hecho con mis palabras y mis pensamientos. Esperé mucho tiempo para compartir esto con ustedes. No estuve preparada hasta ahora. Deseo, de esta manera, cerrar el paquete de mi pasado. Hay mucho misterio por lo que ocurrió, muchas cuestiones que ustedes querrán saber. Cometí errores por rebeldías propias de esos días de confusión. Tomé ese camino. Duro. Pero fue una lección que me dio la vida (...) Pido perdón a aquellos que me amaron, a los que realmente humillé. Pido perdón al público. Ellos me tocaron el corazón siguiéndome aquí y en todas partes del mundo. Yo también debo pedirme perdón, porque me causé mucho dolor".

Era el momento del desahogo, era la oportunidad de salir por completo de aquel pozo tan profundo en el cual cayó, era la oportunidad de reivindicarse con su público y con ella misma. Y lo logró. Bastaba con verla luego de ganar el Australian Open de este año ante Martina Hingis. Tras conseguir el último punto del encuentro se llevó las manos a la cabeza y saltó de alegría. La pesadilla que vivió durante su adolescencia se había acabado.

Y sus logros no pararon ahí, ya que el mes pasado consiguió el Abierto de Francia, el Roland Garros, lo que demuestra que ya está recuperada. ¿Qué le falta? Alcanzar el primer lugar de la clasificación mundial.

Estoy seguro que muy pronto lo logrará.

 

 

 

 

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