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Lima, 10/15/2001

No aprendemos

 (Lima)Semanas atrás hacía mención a los logros alcanzados por nuestros deportistas durante los Juegos Bolivarianos de Ambato, Ecuador, gracias a su esfuerzo y dedicación en la disciplina que practican, algunos desde muy niños. Y recalcamos que nosotros, los peruanos, podemos lograr grandes triunfos si nos mentalizamos en las victorias y nos proponemos llevar una vida sana, tranquila y sin vicios, sobre todo para cuidar nuestro cuerpo.

Pero durante las últimas hubo dos hechos que contradicen todo aquello que pregonamos. Primero, la selección peruana –y el aficionado nacional- pasó una de las mayores vergüenzas al caer goleados ante Venezuela, un rival que ha crecido muchísimo, pero al que todavía podemos y debemos derrotar, pero no fue así. Dentro del campo hubo once jugadores, más tres suplentes, que avergonzaron y decepcionaron al país.

Sin duda, el combinado patrio jugó uno de sus peores partidos de los últimos años, pero nunca como aquel día el equipo se entregó al rival, y mucho menos demostró su amor por la camiseta nacional, aquella por la cual deben sentirse orgullosos de lucir. De repente me equivoco en mis apreciaciones, pero creo que el sentir del pueblo peruano no varía mucho con respecto a lo que indico.

Días después, varios jugadores de Alianza Lima, el equipo del pueblo, fueron sorprendidos por la cámara de un canal en situaciones vergonzosas, que contrastan con lo que debe hacer todo un profesional. Muchos dicen por ahí que los jugadores tienen derecho a divertirse, pero no de esa forma. Y me pregunto algo. ¿Acaso no hay otra forma de divertirse?. Acaso no se dan cuenta que con ello están malogrando su cuerpo y, por ende, su carrera. Parece que no lo saben, o simplemente no les importa, con lo cual demostrarían su total falta de ambición. Y luego salen a defender lo indefendible. Su propia hinchada ha llegado a burlarse de ellos, y lo más seguro es que ya no volverán a confiar en ellos y poco a poco se alejarán de los campos.

Ese tipo de actitudes debe ser desterrado de inmediato para darle paso a una nueva generación sana, y que pueda brindarle al Perú los grandes logros que necesita. Pero el problema no es sólo de ellos, sino también de los señores dirigentes que no hacen nada por reflotar nuestro alicaído deporte, e incluso de los propios periodistas que apañan la indisciplina. Dicen que este problema empieza en casa, y puede ser cierto, pero ya depende de cada uno si quiere ser algo en la vida o un mediocre más.

Ahí está el detalle, todo aquel que tenga ambición y quiera sacrificarse, bienvenido sea a nuestro deporte, pero aquellos que no estén dispuestos a asumir su responsabilidad, por favor, retírense.

 

 

 

 

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