Pekín (Peru.com).- (EFE).- La rivalidad que este año se ha fraguado entre chinos y franceses, debido a las protestas contra la antorcha olímpica en París y las subsiguientes manifestaciones antifrancesas en China, no pudo dirimirse de mejor forma que en un duelo a espada, un combate "por el honor" en el que ganó el anfitrión chino.
Cuando anoche el tirador chino Zhong Man derrotó en la final al francés Nicolás López en sable individual, el público local estalló de alegría, y no sólo porque el ganador fuera el de casa, sino también porque el perdedor era precisamente de Francia, un país que no atraviesa su mejor momento de popularidad en China.
La final no pudo ser más disputada y emocionante: durante la mayor parte del combate, fue López quien dominó en el marcador, pero al llegar a los nueve tocados, el galo acusó la presión del público y dejó de puntuar, hasta el punto de que Zhong remontó y terminó el duelo con un claro 15-9.
Zhong, radiante de felicidad, se abrazó emocionado a su entrenador, que para añadirle más morbo al momento, es el francés Christian Bauer.
Además, el tirador chino ya había derrotado en la semifinal a otro oponente galo, Julien Pillet, que a la postre se quedó sin medalla en el combate por el bronce.
En la entrega de medallas, el público, en pie, entonó con mayor pasión que nunca el himno nacional chino, la "Marcha de los Voluntarios": habían logrado su soñada "venganza" contra Francia.
Estas ansias de revancha contra los franceses se iniciaron en marzo y abril, cuando muchas de las protestas contra los Juegos Olímpicos de Pekín fueron encabezadas por los galos.
Para empezar, fue un francés -el secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Robert Ménard- quien el 24 de marzo desplegó una pancarta de protesta contra las violaciones de los derechos humanos en China precisamente cuando la antorcha se encendía en Olimpia (Grecia), desluciendo algo el simbólico ritual.
Días después, el 7 de abril, la antorcha de Pekín 2008 pasaba por París y se encontraba con una marea de activistas pro derechos humanos y a favor de la independencia del Tíbet protestando contra los Juegos y pidiendo su boicot.
El fuego hasta tuvo que ser apagado durante el relevo por la capital francesa, por cuestiones de seguridad, y los chinos recuerdan con rabia cómo uno de los parisinos que protestaban intentó quitarle la antorcha a una deportista paralímpica china en silla de ruedas.
Para colmo, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, amenazó esos días con no asistir a la ceremonia de los Juegos Olímpicos en protesta por la represión de China en el Tíbet, tras los violentos incidentes de Lhasa el 14 de marzo (aunque finalmente sí que estuvo en la apertura).
Los chinos no tardaron en responder a todas estas noticias, que desde el país asiático se interpretaron como un intento de deslucir Pekín 2008 y estropear la fiesta deportiva.
La reacción, que llegó en mayo, fue de exaltación del nacionalismo chino -banderas nacionales en los automóviles, mensajes de "I love China" en los chats de Internet- y al mismo tiempo de ataques a Francia, considerada por algunos la "culpable" de la impopularidad mundial de los Juegos Olímpicos chinos.
Algunos chinos quemaron banderas tricolores en la calle, otros pidieron abiertamente la independencia de Córcega -en "venganza" por las filiaciones tibetanas de algunos franceses en las protestas- y otros incluso formaron piquetes en los supermercados Carrefour de las ciudades chinas para que la gente no comprara en ellos.
Con el paso de los meses, esta enemistad chino-francesa se fue diluyendo: en realidad, muchos chinos consideran a Francia el país "más romántico" del mundo, y todo aquel que tiene algo de dinero intenta viajar a la nación europea, sobre todo a París, para conocerla.
China tampoco olvida nunca que Francia fue uno de los países del bloque occidental que inició antes relaciones diplomáticas con el régimen maoísta, en los años 60, diez años antes de que lo hicieran España, Estados Unidos u otros de Occidente.
De hecho, muchos de los líderes de las protestas del Mayo Francés del 68 eran maoístas o comunistas que pensaban que la Revolución Cultural de China era el modelo a seguir.
En cualquier caso, el pasado 8 de agosto, en la inauguración de los Juegos de Pekín, volvieron a salir los trapos sucios: el equipo francés fue uno de los pocos que se encontró con abucheos al desfilar por el Estadio del Nido de Pájaro.
Tampoco fue precisamente una ovación lo que encontraron los gimnastas galos en sus pruebas, donde los chinos quieren que sus gimnastas se lleven todos los oros.
Ha tenido que ser finalmente en esgrima, un deporte tradicionalmente dominado por los franceses, donde los chinos han conseguido una victoria cargada de simbolismo político, victoria que además supone el primer oro para los tiradores chinos en 24 años.
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