R e c u p e r a n d o   l a    d e m o c r a c i a

SUCEDIÓ UN DOMINGO
Por :
Carmen Escobar:
carmen.escobar@interlatincorp.com

Toma tu desayuno y tu foto nomás

“El desayuno es la comida más importante del día”, dicen los nutricionistas, y los periodistas parecen creer ciegamente en esta frase, es por eso, que no tuvieron mejor idea que llegar en mancha y plantarse frente a la mesa de vidrio con panes franceses, juguitos, jamón, queso, mantequilla y chancays que iban a ser deglutidos por Alan García y familia dentro de instantes.

Alan apareció y no pudo ocultar su incomodidad por el calor, por el olor asqueroso de periodistas sudorosos, pero ni modo, así es este juego y sólo queda sonreír y hacerse el loco que, supongo, no debe generar mayor esfuerzo para el ex presidente.

Desayuno accidentado sin duda. Preguntas estúpidas como: qué es eso que está tomando, cómo se siente, y el pobre de Alan Raúl, el único hijo varón de García era acosado de igual modo y quería reírse como el papá, pero no le ligaba y le salía una mueca indefinida.

El ambiente se hacía cada vez más insoportable, la siempre cool Pilar Nores tenía esa cara de “lo que tengo que aguantar por...” pero trataba de mantener la calma, hasta que ya no pudo más, seguro sonó el pitito de olla a presión a punto de estallar y se paró de la mesa. Se asó la Pilar, pensaron algunos periodistas, pero en realidad se fue a traer el café, aunque a mí me parece, que se fue a decirse a sí misma: tranquila Pilarcita, tranquila, recuerda contar hasta cien antes de empezar a cachetear a todos estos pesados periodistas.

Alan seguía sonriendo, sus otras hijas, las dulces Josefina, Gabriela y Lucía seguían el ejemplo de mamá Pilar comiendo su ensaladita de frutas inmutables ante tanto flash, preguntas idiotas y el olor señores, el olor que podía matar a cualquiera.

Parece que Pilarcita ya no aguantaba más y fua! se quitó, le siguieron sus hijos con sonrisitas a medias y dejaron a papá con todos esos periodistas ¿bien pesados no mami? ¿Por qué son tan pesados mami?¿ Por qué papi aceptó hacer algo así? Dime algo mami.

Siguió lo que ya se venía viendo desde un principio: Más empujones, más intentos de broncas entre coleguitas, Alan sonriendo, Alan dice estar sereno, Alan confía en pasar a la segunda vuelta, más gritos, el olor señores, el olor, camarógrafos choros robándose celulares de colegas, lo de siempre. Felizmente el hartazgo llegó y Alan, manteniendo sonrisa, agradeció y acabó. Pero se venía algo peor.

 

Y vamos apretaditos

Aquel que dijo que bailar pegados es bailar, no sabe ni lo que es bailar ni lo que es andar pegados. Pegados, pegadísimos estaban los periodistas por sacar “la foto” de Alan con el dedo morado, con la sonrisota, dándole la mano a los miembros de mesa, haciendo la “V” de la victoria y todos esos elementos en perfecta composición.

Pegadísimos cual “pegamostros” (para quien no sepa que es un “pegamostro” es un bichito de plástico de aspecto viscoso que se tira en cualquier superficie y se queda pegado a ésta por un buen rato) estaban los fotógrafos y camarógrafos. Alan se hizo esperar y llegó en medio de un tumulto que parecía de estrella de rock: el líder y su séquito, y como toda estrella que se haga respetar, Alan le metió un tabazo a nuestro intrépido fotógrafo.

Más golpes, esta vez sí hubo heridos y las broncas tenían más espacio para desarrollarse, una pobre viejita era enredada con los cables de los distintos canales de televisión y perdía el equilibrio, mientras tanto, una de esas tías locas que no faltan dijo: “Quiero ver la cara del próximo presidente”.

Y parece que este colegio, el Champagnat, estaba lleno de tías locas, de pronto se escuchó “Alan sí puede” y “Y ya lo ves, Alan García otra vez”, esto último me dejó pensando: no sabía si era una arenga, una amenaza o un simple lero lero.

Las tías parecían duplicarse, una de ellas sacó un pañuelo blanco, bien cochino y bien viejo, y empezó con el valsecito: “Y se llama Perú, con P de Patria”. Help!. Ahora sí fue demasiado, la voz temblorosa de la tía -agudísima e insufrible-  seguida por más tías, una niña y tres jóvenes que hicieron que me den ganas de darles un Urbadán porque estaban que daban de saltitos y gritaban con una energía francamente insoportable.

“Alan, firma de una vez el maldito padrón y lárgate que ya no aguanto a estas tías”, pensaba. Y otra vez lo mismo, persecuciones, caídas, alguien perdió sus zapatos, una fractura, otro golpecito, todos tras el candidato, que seguía con la sonrisa congelada.

Ya en la noche, don Alan, desde “La casa del pueblo” que, para los despistados, no es ningún nombre de restaurant-pub-cantina, sino el local del APRA en la avenida Alfonso Ugarte. Aquí estaban los incondicionales apristas, emocionadísimos, el compañero pasa a segunda vuelta y ellos felices como perdices comiendo lombrices.

Todo el ambiente era APRA, se respiraba APRA, se sudaba APRA, se hablaba APRA hasta que (música trágica por favor) llegó el otro candidato del pueblo, Alejandro Toledo, chiquito él se acerca a saludarlo y plop! Desaparecen. Nuestro intrépido fotógrafo y la guerrera camarógrafa, logran grabarlos en secreta conversación, visto de lejos parecían estar confesándose. Qué miedo.

Más palmas, ambos candidatos salen “en  olor de multitud” (que por cierto, apesta horrible) y otra vez palmas, cámaras, atropellos, golpes, la camarógrafa cae y se levanta (cual ave fénix) y vuelve a la carga, al fotógrafo le cae más golpe todavía, Toledo y García se dan la mano, Toledo debe querer patearlo y García sacarle la lengua y decirle: “lerolero”.

Y si algo tienen en común estos dos señores es que les encanta la peliculina, solo que Toledo es un poco burdo, eso de besar la bandera y elevarla como si se tratara de una ofrenda sagrada se ve y se siente falsete. En cambio, García sabe cuando le van a tomar la foto y zás! acomodadita de pelo, sonrisa para todos y gestos calculados. García ya pasó por eso y sabe “lo que le gusta a la gente”, se nota, de lo contrario no habría pasado a la segunda vuelta ¿o no Lourdes?

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