Toma
tu desayuno y tu foto nomás
“El
desayuno es la comida más importante
del día”, dicen los nutricionistas, y
los periodistas parecen creer ciegamente
en esta frase, es por eso, que no
tuvieron mejor idea que llegar en mancha
y plantarse frente a la mesa de vidrio
con panes franceses, juguitos, jamón,
queso, mantequilla y chancays que iban a
ser deglutidos por Alan García y
familia dentro de instantes.
Alan
apareció y no pudo ocultar su
incomodidad por el calor, por el olor
asqueroso de periodistas sudorosos, pero
ni modo, así es este juego y sólo
queda sonreír y hacerse el loco que,
supongo, no debe generar mayor esfuerzo
para el ex presidente.
Desayuno
accidentado sin duda. Preguntas estúpidas
como: qué es eso que está tomando, cómo
se siente, y el pobre de Alan Raúl, el
único hijo varón de García era
acosado de igual modo y quería reírse
como el papá, pero no le ligaba y le
salía una mueca indefinida.
El
ambiente se hacía cada vez más
insoportable, la siempre cool Pilar
Nores tenía esa cara de “lo que tengo
que aguantar por...” pero trataba de
mantener la calma, hasta que ya no pudo
más, seguro sonó el pitito de olla a
presión a punto de estallar y se paró
de la mesa. Se asó la Pilar, pensaron
algunos periodistas, pero en realidad se
fue a traer el café, aunque a mí me
parece, que se fue a decirse a sí misma:
tranquila Pilarcita, tranquila, recuerda
contar hasta cien antes de empezar a
cachetear a todos estos pesados
periodistas.
Alan
seguía sonriendo, sus otras hijas, las
dulces Josefina, Gabriela y Lucía seguían
el ejemplo de mamá Pilar comiendo su
ensaladita de frutas inmutables ante
tanto flash, preguntas idiotas y el olor
señores, el olor que podía matar a
cualquiera.
Parece
que Pilarcita ya no aguantaba más y fua!
se quitó, le siguieron sus hijos con
sonrisitas a medias y dejaron a papá
con todos esos periodistas ¿bien
pesados no mami? ¿Por qué son tan
pesados mami?¿ Por qué papi aceptó
hacer algo así? Dime algo mami.
Siguió
lo que ya se venía viendo desde un
principio: Más empujones, más intentos
de broncas entre coleguitas, Alan
sonriendo, Alan dice estar sereno, Alan
confía en pasar a la segunda vuelta, más
gritos, el olor señores, el olor, camarógrafos
choros robándose celulares de colegas,
lo de siempre. Felizmente el hartazgo
llegó y Alan, manteniendo sonrisa,
agradeció y acabó. Pero se venía algo
peor.
Y
vamos apretaditos
Aquel
que dijo que bailar pegados es bailar,
no sabe ni lo que es bailar ni lo que es
andar pegados. Pegados, pegadísimos
estaban los periodistas por sacar “la
foto” de Alan con el dedo morado, con
la sonrisota, dándole la mano a los
miembros de mesa, haciendo la “V” de
la victoria y todos esos elementos en
perfecta composición.
Pegadísimos
cual “pegamostros” (para quien no
sepa que es un “pegamostro” es un
bichito de plástico de aspecto viscoso
que se tira en cualquier superficie y se
queda pegado a ésta por un buen rato)
estaban los fotógrafos y camarógrafos.
Alan se hizo esperar y llegó en medio
de un tumulto que parecía de estrella
de rock: el líder y su séquito, y como
toda estrella que se haga respetar, Alan
le metió un tabazo a nuestro intrépido
fotógrafo.
Más
golpes, esta vez sí hubo heridos y las
broncas tenían más espacio para
desarrollarse, una pobre viejita era
enredada con los cables de los distintos
canales de televisión y perdía el
equilibrio, mientras tanto, una de esas
tías locas que no faltan dijo:
“Quiero ver la cara del próximo
presidente”.
Y
parece que este colegio, el Champagnat,
estaba lleno de tías locas, de pronto
se escuchó “Alan sí puede” y “Y
ya lo ves, Alan García otra vez”,
esto último me dejó pensando: no sabía
si era una arenga, una amenaza o un
simple lero lero.
Las
tías parecían duplicarse, una de ellas
sacó un pañuelo blanco, bien cochino y
bien viejo, y empezó con el valsecito:
“Y se llama Perú, con P de Patria”.
Help!. Ahora sí fue demasiado, la voz
temblorosa de la tía -agudísima e
insufrible-
seguida por más tías, una niña
y tres jóvenes que hicieron que me den
ganas de darles un Urbadán porque
estaban que daban de saltitos y gritaban
con una energía francamente
insoportable.
“Alan,
firma de una vez el maldito padrón y lárgate
que ya no aguanto a estas tías”,
pensaba. Y otra vez lo mismo,
persecuciones, caídas, alguien perdió
sus zapatos, una fractura, otro
golpecito, todos tras el candidato, que
seguía con la sonrisa congelada.
Ya
en la noche, don Alan, desde “La casa
del pueblo” que, para los despistados,
no es ningún nombre de
restaurant-pub-cantina, sino el local
del APRA en la avenida Alfonso Ugarte.
Aquí estaban los incondicionales
apristas, emocionadísimos, el compañero
pasa a segunda vuelta y ellos
felices como perdices comiendo lombrices.
Todo
el ambiente era APRA, se respiraba APRA,
se sudaba APRA, se hablaba APRA hasta
que (música trágica por favor) llegó
el otro candidato del pueblo, Alejandro
Toledo, chiquito él se acerca a
saludarlo y plop! Desaparecen. Nuestro
intrépido fotógrafo y la guerrera
camarógrafa, logran grabarlos en
secreta conversación, visto de lejos
parecían estar confesándose. Qué
miedo.
Más
palmas, ambos candidatos salen “en
olor de multitud” (que por
cierto, apesta horrible) y otra vez
palmas, cámaras, atropellos, golpes, la
camarógrafa cae y se levanta (cual ave
fénix) y vuelve a la carga, al fotógrafo
le cae más golpe todavía, Toledo y
García se dan la mano, Toledo debe
querer patearlo y García sacarle la
lengua y decirle: “lerolero”.
Y
si algo tienen en común estos dos señores
es que les encanta la peliculina, solo
que Toledo es un poco burdo, eso de
besar la bandera y elevarla como si se
tratara de una ofrenda sagrada se ve y
se siente falsete. En cambio, García
sabe cuando le van a tomar la foto y zás!
acomodadita de pelo, sonrisa para todos
y gestos calculados. García ya pasó
por eso y sabe “lo que le gusta a la
gente”, se nota, de lo contrario no
habría pasado a la segunda vuelta ¿o
no Lourdes?
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