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Elecciones Presidenciales

CASTILLA SE MIDE ANTE ECHENIQUE (1854-1855)

Echenique gana las elecciones, hace un buen gobierno, pero no pudo escapar a la insurrección. En febrero de 1854, Castilla se une a la protesta del pueblo de Arequipa, que no había reconocido a Echenique como ganador de las elecciones de 1851.

Eso aprovechó Domingo Elías para acusar a Echenique de ser “demasiado generoso” al pagar el monto de la deuda de Consolidación (por perjuicios a los particulares por los daños en la época de la independencia).

Echenique enfurece y lo apresa para después deportarlo. Elías ingresa a Tumbes desde el Ecuador, donde intenta un golpe que fracasa. Sorteando la vigilancia, llega a Ica y organiza un grupo de milicianos para hostigar al gobierno. Echenique manda sus tropas y luchan en los alrededores del cerro Saraja en una batalla bastante sangrienta. Mueren cerca de 150 partidarios de Elías.

Comienzan los brotes de revolución y en Arequipa, Castilla se adueña de la insurrección. Llega el 13 de febrero de 1854 a la “Ciudad Blanca”, entre las aclamaciones del pueblo. Echenique manda sus tropas al sur, pero Castilla con menos hombres defiende la ciudad.

A fines de marzo, Castilla se desplaza al Cusco. El 14 de abril recibe el anuncio de que la Junta Revolucionaria de Arequipa lo ha proclamado Presidente Provisorio. Con un ejército conformado llega a Andahuaylas el 8 de junio, y el 23 se reúne en Bombón con la división del general Del Castillo. El 3 de julio ocupa Ayacucho, escoltado por los famosos “morochucos”.

El país vuelve a ser gobernado por dos hombres: Echenique como Presidente Constitucional y Ramón Castilla como Presidente Provisorio. Así, Castilla expide el 5 de julio un decreto histórico: la abolición del tributo indígena que le da un carácter social a su revolución.

Domingo Elías vuelve al país. El gobierno manda tropas hacia él y trata de defender la Plaza de Arica, pero es derrotado. De otro lado, Vivanco –desterrado en Chile– también retorna al país y se sentía “marginado” de la Revolución de Castilla, quien en Ayacucho traza su estrategia final.

Echenique avanza hacia Jauja y pensaba atacar a Castilla en Huancayo, pero no puede derrotar a las tropas del general Izuchaca en Huancavelica. Echenique ocupa el Valle del Mantaro, mientras que Castilla acampa en una región pobre y decide ir por las alturas para amenazar la capital y obligar a Echenique a retornar a Lima.

Su plan dio resultado. El 3 de diciembre en Huancayo, Castilla da otro decreto trascendental: proclama la libertad de todos los hombres que se encuentran en el país. Era el decreto que rompía las cadenas de la esclavitud de los negros.

El 5 de enero de 1855, en la Hacienda La Palma, las tropas de Castilla derrotan a las de Echenique y éste tiene que ser asilado en la casa del encargado de negocios británico, Sullivan. El Palacio de Gobierno, la casa del Presidente y la quinta de su esposa son saqueados, al igual que la de sus familiares y sus más cercanos colaboradores. Echenique parte al exilio.

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