Elecciones presidenciales   l    Constituciones del Perú   l  Presidentes de Perú

Elecciones Presidenciales

LA IRRUPCIÓN DEL APRA (1931)

Sánchez Cerro se encuentra en París y tiene algunos problemas con el pasaporte para regresar al país. En Lima un grupo de destacados ciudadanos forma un frente llamado de Concentración Nacional, con el apoyo de todas las fuerzas democráticas. El 12 de junio, tras siete años de exilio, regresa Víctor Raúl Haya de la Torre por Talara ante en medio de una sorprendente manifestación.

Sánchez Cerro envía un ultimátum exigiéndole a la Junta su libre ingreso al país. Algunos personajes, como el general Benavides interceden ante el gobierno para que permita su regreso. El 3 de julio desembarca Sánchez Cerro en el Callao ante una multitud enfervorizada.

Luego de un mitin en Trujillo, Haya se dirige a Lima, adonde llega por tierra el 15 de agosto. Ocho días después se realizaba la histórica manifestación en la Plaza de Acho: era la primera vez que el público pagaba su entrada para poder participar en un acto político (se cobraban 30 centavos).

Tanto los mítines de Sánchez Cerro como los de Haya de la Torre se nutren de enormes y entusiastas muchedumbres. Uno de los dos será el ganador.

El 11 de octubre el país se vuelca a las urnas. Después de doce largos años el pueblo vuelve a elegir a sus gobernantes, pero esta vez el voto es secreto. Las elecciones transcurren dentro del mayor orden en toda la República, excepto en Cajamarca donde se acusa al Jurado de haber impedido sufragar a sanchecerristas y lajaristas.

Los escrutinios culminan antes de un mes. Los resultados, si bien no son apabullantes a favor de Sánchez Cerro, no admiten dudas. El candidato de Unión Revolucionaria alcanza 152149 votos contra 106088 de Haya de la Torre, de la Jara y Osores totalizan 21950 y 19640 votos respectivamente. El APRA rechaza los resultados alegando “fraude electoral”.

El 28 de noviembre Sánchez Cerro es proclamado Presidente Constitucional de la República. El 8 de diciembre juramenta ante el entusiasmo delirante de vastos sectores populares. Al apoyo del Ejército, Sánchez Cerro sumaba el de la burguesía peruana dispuesta a gobernar con él, aconsejándolo en el manejo de la economía.

« retornar