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LA MATANZA DE TRUJILLO (1932)

En la noche del sábado 7 de mayo de 1932 hay un movimiento de la plana menor de los cruceros Grau y Bolognesi. Los insurrectos apresan a los oficiales de guardia y al jefe del barco. Un marinero se lanza al agua y al llegar a la costa avisa a la capitanía lo ocurrido. Pasada la medianoche, 300 hombres llegan al puerto para conjurar la revuelta. A las seis de la mañana, por expresa orden del Presidente, una escuadrilla bombardea las unidades, determinando la rendición de los rebeldes.

A pocas horas se instala en la Isla San Lorenzo una corte marcial. El 9 de mayo, el Congreso vuelve a facultar al Gobierno para poder decretar la pena de muerte. Al día siguiente, la corte marcial condena a muerte a ocho de los cabecillas de la subversión, catorce son sentenciados a 15 años de prisión y doce, a 18, tres quedan absueltos. El 11 de mayo, los ocho cabecillas serían fusilados.

Los rumores sobre un golpe se escuchan por calles y plazas. A las dos de la madrugada del 7 de julio de 1932, un grupo de cañeros de la hacienda Laredo y estudiantes del Colegio San Juan asaltan el cuartel O’ Donovan de Trujillo. Al frente de las masas está Manuel Barreto, apodado el “Búfalo”, por su abundante barba e imponente musculatura. La pelea dura más de tres horas. Hay numerosos muertos. Uno de los primeros en caer es el “Búfalo” Barreto, pero los insurrectos ganan terreno.

El pueblo toma el Cuartel de Seguridad y el local de la Prefectura. El gobierno envía tropas del regimiento N° 7 al mando del mayor Alfredo Miró Quesada.  El Congreso se reúne de urgencia y aprueba el estado de sitio y la creación de cortes marciales. El sábado 9 desembarcan en Salaverry las tropas que encabeza Miró Quesada, y con el apoyo de dos compañías llega por tierra a Chimbote: recapturan el puerto. Al dirigirse a Trujillo encuentran tenaz resistencia de parte de los insurrectos y tienen que replegarse.

El jefe de la región militar de Lambayeque, coronel Manuel Ruíz Bravo, se desplaza desde el norte con la mayor fuerza operativa del gobierno. El gobierno cuenta con algunas unidades aéreas. Al atardecer del sábado 9 los revolucionarios ya presienten su derrota. Se recogen firmas para evitar que el gobierno bombardee la ciudad. Las tropas de Miró Quesada se van acercando a Trujillo.

A medianoche una multitud enfurecida se dirige a la cárcel y sin ninguna misericordia ultima a los oficiales, sargentos y cabos que se hallaban presos. Al comandante Silva Cáceda, jefe de artillería, después de muerto le extirpan el corazón y mutilan los dedos para sacarle la sortija; al capitán Villanueva le arrancan los genitales. Fueron masacrados catorce oficiales, sargentos y cabos y veinte guardias civiles.

En la madrugada del domingo 10 las fuerzas de Miró Quesada y Ruíz Bravo se preparan para dar el asalto final. Una escuadrilla bombardea sin conmiseración la ciudad, ataca el cuartel O’ Donovan, edificios y hospitales. A las diez de la noche las fuerzas del gobierno han dominado la situación y al día siguiente ingresan victoriosas a la Plaza de Armas. Grandes columnas de prisioneros son trasladados a un lugar desconocido.

El miércoles 13 se instala una Corte Marcial en Trujillo. Mientras la ciudad duerme, algunos oficiales mandan a ejecutar a centenares o miles de hombres en las milenarias ruinas de Chan Chan. Este acto no tiene precedentes en la historia del continente.

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