LA
REVOLUCIÓN DE LA FFAA (1968-1975)
En
la madrugada del 3 de octubre de 1968
los militares le ponen candado al
Congreso, toman el local del Apra y se
ordenan algunas detenciones. El nuevo régimen
se autotitula Gobierno Revolucionario de
la Fuerza Armada. Uno de los primeros
actos es declarar nulo el contrato con
la IPC. Antes de una semana las tropas
toman las instalaciones de Talara en una
operación relámpago.
El
24 de junio de 1969 (Día del Indio) se
decreta la Ley de la Reforma Agraria y
se procede a la inmediata ocupación de
las grandes haciendas azucareras. Los
campesinos reciben las tierras, aunque
sin tomar la administración. Circula un
slogan impactante “Campesino, el patrón
ya no comerá más de tu pobreza”.
La
expropiación del IPC y la Ley de
Reforma Agraria provocan la protesta del
gobierno norteamericano que corta los créditos
y amenaza con paralizar todo tipo de
inversión. Suspende la venta de armas y
el Perú entabla relaciones diplomáticas
con la URSS y poco después recibe
tanques, misiles y aviones. El Perú se
convierte en una de las naciones
militarmente mejor equipadas de la
subregión.
En
los últimos días de abril de 1971, una
invasión en los terrenos de Pamplona,
colindante con Monterrico, lleva al
general Armando Artola a tomar una
medida desafortunada. Luego de ordenar
el desalojo de los invasores hace
arrestar al “Obispo de los Pueblos Jóvenes”,
monseñor Luis Bambarén, acusándolo de
“agitador de sotana”. Al enterarse,
Velasco ordena la liberación de Bambarén
y exige la renuncia de Artola. Los
invasores serán trasladados a la
Tablada de Lurín, donde nace Villa El
Salvador.
La
presentación de Santana en la
Universidad San Marcos es prohibida por
el Gobierno para evitarse problemas. El
país contaba con nueve millones de
habitantes.
En
febrero de 1973 Velasco había sufrido
una grave enfermedad por la rotura de un
aneurisma de la aorta abdominal. Vuelve
a Palacio en silla de ruedas, sin una
pierna y demacrado. Ya no es el mismo.
En
octubre, el gobierno da la Ley de
Telecomunicaciones. De la noche a la mañana,
el Estado pasa a controlar los canales
de televisión y parte de las
radioemisoras del país. Adquiere el 51%
de las acciones de estos medios de
comunicación y crea Telecentro, que
frenaría el desarrollo de las
comunicaciones. Llega la madrugada del
27 de julio de 1974 y el gobierno
confisca sorpresivamente todos los
diarios de circulación nacional.
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