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Elecciones Presidenciales

PERSECUCIÓN CONTRA EL APRA (1933-1935)

Un grupo de fanáticos del ex presidente se reúne en algún lugar de Lima para tramar el asalto y la muerte de Haya de la Torre en el Panóptico. Se dice que el principal instigador fue Luis A. Flores, el ministro de Gobierno de Sánchez Cerro. Al enterarse de ello, Benavides decide redoblar la vigilancia del penal con gente de su confianza y manda cambiar al director. También mandó cambiar la llave de la celda de Haya de la Torre. El líder aprista salvó su vida.

El país comienza a recuperarse. El 9 de agosto de 1933 Benavides concede amnistía a los presos políticos, manda cortar los juicios que tenían pendientes y por último autoriza el retorno al país de todos los expatriados.

Esa noche Haya abandona el Panóptico y se aloja en la casa de un correligionario. Retornan Manuel Seoane, Luis Alberto Sánchez, Cox, Heysen y otros exiliados. Comienza a circular nuevamente el diario aprista La Tribuna y “El Partido del Pueblo” abre un comedor popular. Al mes siguiente se convoca a un mitin en la Plaza de Acho donde se estrena el “Himno de los Búfalos”, en recuerdo al “Búfalo” Barreto.

La política del gobierno se torna dura e implacable: se resucita la Ley de Emergencia. En enero de 1934 circulan los rumores sobre un golpe. Se revela que el Apra madura un levantamiento que al parecer se gestaba desde noviembre del año pasado. Se cierran sus locales políticos y La Tribuna es suspendida.

Los partidos de oposición se unen en la Alianza Nacional, presidido por Amadeo de Piérola, el hijo del “Califa”. En los meses finales de ese año, el gobierno detecta una conspiración aprista y comienzan a capturar a varios dirigentes, entre ellos a Luis Alberto Sánchez, al coronel Pardo, Ciro Alegría, Cox, Heysen, etc. Haya de la Torre se hallaba esa noche en una cena en casa de su amigo Miguel Checa Eguiguren, ex embajador del Perú en Buenos Aires. Al allanar esa casa, el líder aprista ya se había trasladado a un escondite cercano al bosque de Matamula (de la avenida Salaverry). Pasaba así nuevamente a la clandestinidad.

En 1935 la situación económica sigue en auge. La bonanza en el fisco permite concretar una serie de obras en Lima y provincias. Se abre la avenida Salaverry, se levanta el Puente del Ejército e inaugura el Aeropuerto de Limatambo, entre otros trabajos.

El 15 de mayo un alevoso crimen en plena luz del día. Un joven aprista, Carlos Steer Lafont, dispara contra Antonio Miró Quesada, director de El Comercio y su esposa, María Laos de Miró Quesada, segándoles la vida. Los familiares exigen la pena de muerte, pero los jueces lo condenan a cadena perpetua.

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