POR
FIN AL PODER (1985)
Son
tres los candidatos más importantes:
Alan García (PAP), Alfonso Barrantes (IU)
y Luis Bedoya Reyes (Convergencia Democrática).
El AP del presidente Belaunde postula a
Javier Alva Orlandini. Las encuestas,
desde entonces controvertidas, declaran
a Alan García como el favorito.
Sendero
crece monstruosamente, estaba casi en
todo el país. Asalta pueblos, masacra
dirigentes, asesina cotidianamente a
policías. Recurren a los coches-bomba,
y destruyen edificios y embajadas,
dejando muertos y heridos. De nada sirve
el estado de emergencia y el toque de
queda. Sendero crece y crece. Provoca
constantes apagones en la capital. Son
muchos los centros comerciales y locales
nocturnos que utilizan equipos electrógenos.
El
14 de abril el pueblo acude a votar. Los
resultados no sorprenden a nadie: Alan
García 3452111, Alfonso Barrantes
1605139, Luis Bedoya Reyes 773313,
Javier Alva Orlandini 471150.
Diez
días después de las elecciones, un
grupo del Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru (MRTA) atenta contra la vida del
doctor Domingo García Rada, presidente
del JNE. Abalean su auto a plena luz del
día dejándolo malamente herido. Una de
las balas –de las 17 que le dispararon–
le impacta en el cerebro. El líder del
MRTA es Víctor Polay, y se enseñoreaban
en la selva de San Martín.
Después
de casi 60 años el Apra llegaba al
poder. El 28 de julio de 1985 un joven
de 36 años y 1,94 metros accede a la
Presidencia de la República ofreciendo
un gobierno “para todos los peruanos”.
Aquella
mañana parecía que el Aula Magna del
Apra se había trasladado al Congreso de
la República. Más del 60 por ciento de
los legisladores eran apristas. El ex
presidente Belaunde le entrega la banda
a Luis Alberto Sánchez, presidente del
Congreso y primer vicepresidente de la
República, pero dada la gran talla de
García, Sánchez tuvo que darle una
banda presidencial “extra-large”.
Su
primer mensaje a la nación causó mucho
temor. Hablaba que las potencias
extranjeras, la banca internacional y el
FMI eran los traficantes de la muerte.
Parecía increíble lo que se escuchaba
en el Congreso. Anunció que: durante un
año no se dedicará más del 10 por
ciento de las exportaciones a amortizar
la deuda externa, se reducirá la compra
de una escuadrilla de Mirages 2000 de 26
a 14, se duplicará las sanciones para
los empleados públicos que delincan, se
reducirá el sueldo del presidente de la
República, esperando que los
parlamentarios hagan lo mismo, se
reorganizará y purgará las fuerzas
policiales en un plazo de sesenta días.
Así se inicia el primer gobierno
aprista.
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