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UN
NUEVO SIGLO, UNA NUEVA ESPERANZA
(1899-1903)
Para
las elecciones de 1899 había 108597
ciudadanos inscritos, pero sólo
acudieron a las ánforas 58285 electores.
López de Romaña alcanzó 55918 votos.
Entre los candidatos figuraban Candamo
con 1337, González Prada con 549, y
Billinghurst con 129. También estaban
en el vaivén, Andrés A. Cáceres,
Santiago Figueredo, Mariano Nicolás
Valcárcel y Carlos de Piérola, quienes
no tuvieron mayor aceptación.
La
coalición demócrata–civil se quiebra
antes de que acabe el año. Sin embargo,
López de Romaña continúa con la política
económica que introduce su antecesor.
Al año de su ejercicio se realizan las
elecciones municipales que llevan a la
alcaldía de Lima a Federico Elguera. Se
construye el local de la Facultad de
Medicina de la Universidad de San Marcos
y se inaugura el Hipódromo de Santa
Beatriz.
La
democracia ya no era un sueño. En los
últimos meses de 1902 comienza la
agitación electoral. Los partidos
tradicionales buscan nuevas alianzas.
Demócratas y civilistas toman su propio
camino. Estos últimos ahora entran en
contacto con los constitucionalistas, el
partido de Cáceres, quien ha retornado
al país. Los demócratas se unen al
Partido Liberal, fundado por uno de sus
viejos militantes, Augusto Durand. Piérola
está llamado a ser el candidato de su
partido, pero se resiste y los demócratas
no se ponen de acuerdo para presentar
una candidatura.
Los
otros partidos de oposición estuvieron
asociados como Partido Federal, que reunía
a la Unión Nacional de Manuel González
Prada, al Partido Liberal de Durand, y a
una fracción del Constitucionalista.
Ellos eligen como candidato al coronel
Fernando Seminario, lo que precipitaría
el alejamiento de González Prada.
Los
civilistas ganan rotundamente las
elecciones. Sobre un total de 146142
inscritos sufragan 93778. De esos votos
92798 corresponden a Manuel Candamo.
Considerando sólo los votos válidos
obtenía el 99 por ciento de los
sufragios.
Candamo
asume el mando el 8 de setiembre de
1903. Piérola, como buen demócrata, lo
felicita. Transcurren ocho meses y el
presidente enferma de gravedad: fallece
al poco tiempo. Lo reemplaza Serapio
Calderón, segundo vicepresidente, quien
convoca a elecciones rápidamente.
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