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Entre la democracia y el autoritarismo

La disyuntiva ante la cual se presenta el país de cara a las próximas elecciones presidenciales en segunda vuelta nos presenta solo dos opciones. Durante la primera vuelta las opciones identificadas como democráticas postularon a través de numerosas agrupaciones, cada una reclamando un espacio en el escenario político nacional. En cambio la opción identificada con actitudes autoritarias y totalitaristas corrió en las elecciones aglutinada en una sola fuerza.

Este hecho ocasiona una recomposición y realineamiento de fuerzas para la segunda vuelta en la que claramente podemos observar, según los últimos sondeos, que las agrupaciones democráticas que quedaron fuera de la segunda vuelta se reagrupan alrededor de la opción aprista justificando el incremento de esta opción en la preferencia electoral a diferencia de lo que sucede con la opción humalista que es muy poco lo que incrementa en votación respecto a la obtenida en la primera vuelta.

Desde los tiempos muy antiguos los Estados han estado oscilando entre dichos extremos de conducción política de gobierno. Platón decía de manera muy simple que puede gobernar UNO, en ese caso tendríamos la tiranía, pueden gobernar VARIOS, que generalmente son ricos, en ese caso tendríamos la Oligarquía, o pueden gobernar TODOS, entonces tendríamos lo que Platón llama Democracia. Aristóteles en cambio hacía una distinción entre: Politeya que seria el gobierno de las leyes, de la Democracia, que es el gobierno de la mayoría de las personas.

En América Latina se vive a partir de la década de los 80 la sustitución de dictaduras militares y regímenes autoritarios por movimientos populares y democráticos, que tratan de lograr sistemas pluralistas, en busca del respeto de las libertades fundamentales y a los derechos humanos. El principal problema que enfrentan las democracias emergentes al inicio de su vigencia luego de ser restituidas son las grandes diferencias sociales generadas por la pobreza. La exclusión, el racismo y la injusticia social y económica son los verdaderos enemigos de la democracia y se convierten a la vez, en caso de no ser atendidos, en el pretexto ideal de los caudillos para pretender reimponer sistemas autoritarios. No debemos olvidar que el Perú registra antecedentes de gobiernos caudillistas.

En el siglo XX, Leguía, Odría, Velasco y Fujimori fueron buenos ejemplos de devoción popular, porque supieron manipular la necesidad entregando a ciertos sectores de la población beneficios más tangibles que muchos gobiernos democráticos, ya que cuanto mayor es la necesidad de una persona, más aprecia lo tangible frente a lo formal.

La lectura de lo que viene sucediendo en el Perú nos enseña que si queremos una democracia estable y alcanzar un desarrollo económico y social justo y equitativo, debemos conseguir elevar el nivel de vida de las grandes mayorías y reducir las injusticias sociales. Democracia sin justicia social no es democracia. Es por ello que algunos caudillos disfrazados de demócratas logran conquistar el voto de protesta de los sectores que se sienten excluídos y acceden por elecciones al gobierno, luego de lo cual, desmontan el sistema democrático y se colocan al margen de éste, tal como sucedió en nuestro país en la década del 90.

El candidato del APRA Alan García arrastra el pasivo de un mal gobierno de su primer mandato, el mismo que lo justifica por su inexperiencia cuando llegó al poder, dejando al Perú en una grave crisis económica. Sin embargo se puede decir que fue un demócrata porque respeto las libertades.

Respecto a Ollanta Humala se percibe que si ganara las elecciones, el ultranacionalismo y el indigenismo, unidos al estatismo y rechazo al mercado, agregado a su carácter intolerante y formación vertical, inevitablemente desembocaría en un gobierno autoritario, improductivo y crecientemente militarizado. En esta coyuntura debemos tener especial cuidado y tino para descartar lo que se conoce como "democracia delegativa", en la cual las personas eligen líderes que después de asumir el poder hacen lo que quieren. Tienen prácticamente un mandato libre. Postulemos por el contrario por una "democracia participativa"; en la que el

poder soberano no concluye con el acto de elegir o votar. La democracia debe seguir expresándose a través de múltiples mecanismos de control, fiscalización y cuestionamiento a los actos de gobierno, es decir, que no sienta el futuro gobernante que se le está otorgando un cheque en blanco. Recordemos finalmente los claros ejemplos actuales que vienen sucediendo en países de la región (Cuba y Venezuela). Los liderazgos personales caudillistas suelen ser muy prolongados, el sistema de organización que lo respalda son organizaciones verticales, corporativas, burocráticas, que no rinden cuentas a sus militantes ni a la sociedad.

Es tiempo entonces de elegir responsablemente exigiendo claridad a los candidatos respecto como garantizan la continuidad democrática del país. El próximo gobernante debe tomar como tareas inmediatas:
- Afrontar con decisión la lucha contra la corrupción en todos los niveles de gestión estatal y judicial y también
- Debe emprender con firmeza la modernización y eficiencia del Estado en la atención de los derechos y necesidades básicas exigidas por los ciudadanos. Ello implica no copar los cargos públicos con criterios partidaristas ni clientelistas sino en base al mérito y profesionalismo de quienes concursen en transparentes procesos públicos de selección.

Rafael Aíta Campodónico
Congresista de la República

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