Leones por corderos

El viajero León, en comprensible muestra de impotencia, describe la vida cotidiana de la Ica post-terremoto como una donde la pobreza es inexpulgable, más allá del pleno empleo, la cuantiosa inversión privada y cualquier otra muestra de mejoría. Dice Rafo: "Lo que ha ocurrido allí echa luces sobre el modelo de crecimiento en el que estamos embarcados, cuya característica más notoria es, precisamente, que carece de modelo y que la cosa se reduce a invertir para cosechar y vender y punto, sin que haya por parte del Estado ni de la clase empresarial beneficiada, el menor intento por construir algo que se parezca al desarrollo, por consolidar instituciones, por incrementar la calidad de las condiciones de trabajo, por educar para el futuro".

La conclusión, a fin de ir al fondo del asunto, es una aporía; y por una sencilla razón: sus premisas no son válidas. Según el planteamiento, los resultados de la inversión y del aumento de los sueldos y salarios, son inmediatos en la reducción de la pobreza y la pobreza extrema. Eso es un equívoco evidente. La reducción de la pobreza, como cualquier otro proceso, requiere de una variable que el Sr. León no incluye en su modelo: el tiempo.

Si una persona famélica decide engordar, entre la decisión y la talla XL existe un proceso: conseguir los recursos, comprar los alimentos, ingerirlos y así, en el tiempo, la talla irá variando. El Perú -y en el ejemplo, Ica- necesitará al igual que Suecia, Taiwán, Chile (y tantos otros ejemplos) de tiempo y -sobre todo- de mantenerse en un modelo que privilegie la acción en libertad sobre la coacción y la limitación que supone el estado. A Suecia le tomó 60 años, a Taiwán casi 30; ¿de dónde extrae el Sr. León que la reducción de pobreza tomará en el Perú 4 o 5 años?

Recordemos, por otro lado, que la pobreza en el Perú se acrecienta luego de los gobiernos estatistas de Belaunde, Velasco y García Pérez, llegando a casi 55% en 1990. Si bien el primer gobierno de Fujimori realizó grandes reformas -en cuanto a liberalización de la economía se refiere, con lo que se redujo la pobreza a niveles cercanos al 45%-, lo cierto es que a partir de 1997 dichas reformas no solo se atascaron, sino que incluso se retrocedió en buena parte de ellas -en las laborales, por ejemplo-.

Entre 1997 y el 2002 el Perú vivió un momento de extrema incertidumbre política, social y económica, producto de factores externos e internos. Durante este tiempo, sufrimos no solo las calamidades políticas -por todos reconocidas-, sino también dos eventos del Niño, así como crisis económicas y bursátiles internacionales, empero de grandes consecuencias en la economía local. En este tiempo, las reformas locales brillaron por su ausencia mientras en la región se reactivaban las posiciones populistas y estatistas, siendo la gran mayoría de ellas de corte radical.

Así las cosas, es un triunfo -más que una derrota- que en tan solo 4 o 5 años el Perú haya experimentado semejante logro en la lucha contra la pobreza. Sin duda, hay aún muchísimo por avanzar, empero no hay que olvidar qué decisiones crearon la pobreza, y qué medidas la están aliviando. Quien quiera creer que 30 años es mucho tiempo, piensen que llevamos al menos 40 ó 50 años discutiendo qué modelo adoptar; entretanto, aquellos países que ya decidieron el camino nos demuestran las ventajas del mismo.

Juan José Garrido Koechlin
Fundador y Director Ejecutivo del Instituto Acción
http://www.institutoaccion.com/
jjgarrido@institutoaccion.com

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