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De la catástrofe a la esperanzada reconstrucción
Ya sea por los grados de energía liberada o por el impacto producido que registran los sismógrafos y que comentan los expertos, o por el dolor humano que muestran las cámaras de televisión en el mundo entero, no cabe duda que el terremoto en Perú, del miércoles 15 de agosto de 2007, constituye una verdadera catástrofe que ha sumido en desgracia a miles de familias, especialmente de condición humilde.
La furia de la naturaleza, implacable como siempre, no sólo ha desnudado cimientos precarios de construcciones que han sido borrados del mapa; sino también nuestra falta de previsión frente a acontecimientos de alta probabilidad, como estos movimientos telúricos, por vivir en zona sísmica. Además, ha dejado en evidencia nuestra condición humana ambivalente, porque en medio de la desolación y el dolor, la rapiña y los asaltos se hicieron presentes.
Se dice que a grandes males grandes remedios. Esperamos que de una mezcla inteligente de solidaridad espontánea de la población, de la responsabilidad social de las grandes y medianas empresas, de la tarea coordinadora y participativa del gobierno nacional, regional y local, así como de la ayuda internacional, surjan medidas coyunturales y de mediano y largo plazos, para encarar la reconstrucción sostenida de todos los pueblos afectados. Pero también, las acciones preventivas para el resto del país.
Los empresarios de la micro y pequeña empresa que han perdido gran parte o todo su patrimonio, seguramente que seguirán confiando que con su trabajo esforzado volverán a resurgir de entre los escombros. Sin embargo, como la magnitud del desastre supera sus fuerzas y posibilidades particulares, habrá que imaginar soluciones de apoyo excepcionalmente creativas. Solo la acción sinérgica del Estado y la sociedad, puede allanarles el camino hacía un nuevo porvenir.
Por: Eduardo Lastra D. (elastra@mundomype.com) Presidente del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial, ILADE y Director General de MUNDO MyPE
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