Final infeliz (Barquisimeto) Un saldo negativo (en lo futbolístico) tuvo la campaña de la selección peruana de fútbol, dirigida por Julio César Uribe, en la Copa América de Venezuela.
Una inesperada victoria sobre Uruguay (2-0) en el debut, una derrota histórica ante Venezuela (0-2) en el segundo partido, y un angustiante empate (2-2) ante Bolivia nos dio la clasificación a los Cuartos de Final, y con ello se cumplió –palabras del propio técnico- con el objetivo propuesto para este torneo.
Sin embargo, a pesar que en lo cuantitativo se hizo los puntos necesarios para estar considerados entre los ocho mejores del certamen, nuestro país careció de argumentos futbolísticos y estuvo a cinco minutos de volverse a casa en la primera fase.
Con un rendimiento decreciente, Perú llegaba al partido con Argentina en inferioridad de condiciones, y eso se plasmó en el campo de juego.
En la primera mitad, Uribe plantó en la cancha un equipo que esperó a los gauchos en su propia cancha, trató de copar todos los espacios, y sus ataques se limitaron a escasos errores del rival, tanto así que el golero Abbondanzieri fue un espectador más.
Para la segunda mitad, Basile mandó al campo a Tévez con la finalidad de abrir la defensa nacional, que hasta ese momento limitaba sus acciones a lidiar con Messi y chocar con Milito.
Y Tévez cumplió al pie de la letra lo que le pidió su entrenador, por lo que se generaron los espacios suficientes para que Juan Román Riquelme se despachara con lo mejor que tiene, su fútbol, y de esa manera el arco peruano comenzó a ser atacado constantemente, y así llegaron los goles.
Uribe nunca pudo descifrar como parar a este tren argentino, y encima tuvo que sacar al campo –por lesión- a uno de sus mejores jugadores, Paolo Guerrero, y con ello la derrota era cuestión de minutos (y más goles).
Al final fue un 4-0 tan justo como abultado, cuatro goles que se suman a los otros cuatro recibidos por la bicolor en la primera fase, lo que hace ocho tantos en contra en cuatro compromisos y con tan solo cinco a favor.
El saldo final es negativo: dos derrotas, un empate y una victoria, números que no solo quedarán en la historia de la Copa América, sino que deberían servir para que el comando técnico saque sus conclusiones, deje la soberbia a un lado y pueda encarar las Eliminatorias al Mundial de Sudáfrica de la mejor manera posible, corrigiendo los errores que se pudieron observar en este torneo y llamando a los mejores jugadores, sin excepción.
Por: Kike Giles Torrejón, enviado especial a Venezuela