(Bs. As.)
Boca Juniors goleó 3-0 a Sporting Cristal en Buenos Aires, en partido correspondiente al Grupo 8 de la Copa Libertadores. Los dirigidos por Edgardo Bauza mostraron su peor cara en lo que va del año.
El primer tiempo presentó dos caras diametralmente opuestas de lo que es un equipo de fútbol: control al dominio del local en los primeros minutos -incluso Boca no había tenido una sola situación de gol- presión en el mediocampo, pero luego del gol de Martín Palermo (15m) todo se desmoronó y cambió a pálido.
Invitaba a la ilusión ese equipo que se posicionó bien en cada sector de la cancha, con mucha voluntad para recuperar la pelota y administrarla bien. Un bello remate de Jorge Soto que atajó bien Abbondanzieri a los 13 minutos fue el mejor ataque celeste. Pero fue un espejismo.
Los celestes cambiaron radicalmente su propuesta de estar bien parados en
el terreno de juego a los pases errados de forma casi infantil, nula actitud, poco criterio para atacar, jugadores desubicados en el campo. En suma, un estilo de juego provocado por el rival tras un gol sorpresivo y que no le costó esfuerzo.
Andrés Guglielminpietro con toda la libertad para correr por el sector derecho fue toda una pesadilla para Amilton Prado, desconocido, asfixiado, soprendido como todo el equipo del ‘Patón’ Bauza. Costaba creer que un equipo cuyo orden fue fundamental para haber ganado en la primera fecha, se convirtiera en el temeroso rival que fue.
El grueso error de Erick Delgado –como en sus peores intervenciones- le dejó un balón a Baiano (29m) para que rematara ante la marca infructuosa de Rodríguez. Si el gol de Palermo había ‘bajado’ a Cristal, este segundo gol del brasileño terminó por despintar aún más la celeste. De ahí
en más, los xeneizes parecieron jugar a voluntad.
El segundo tiempo no cambió mucho, es más, Boca Juniors se dedicó a exhibir la calidad de muchos de sus jugadores: Palermo, Cagna, Baiano, Guglielminepietro, etc. Una noche fatídica de un Cristal pat´ñetico que para colmo de males se encontró con una escuadra xeneize inspirada que, menos mal, jugó a media caña.
El golazo del ‘Loco’ Palermo a los 64 minutos dejó en claro como un equipo con estirpe en este tipo de torneos puede jugar tan calmadamente. El resto fue un monólogo xeneize y una lágrima cervecera. La cereza en la torta, hecha con sal para Cristal, fue el penal errado por Bonnet hacia el final. La desmotivación por antonomasia.