Los alemanes se despiden del Mundial arriando las banderas
(Berlín)
(EFE) Los alemanes se despiden del Mundial de fútbol de 2006 arriando las banderas nacionales que han desplegado con tanto entusiasmo y fervor para demostrar su patriotismo y apoyar a la selección nacional, que logró clasificarse tercera.
Para los alemanes ésta ha sido una fiesta en toda la regla, con concentraciones en calles y plazas, muestras de júbilo y sano nacionalismo sin precedentes en la posguerra, y un civismo a prueba de gamberros y "hooligans".
El último acto multitudinario tuvo lugar en la Puerta de Brandeburgo, donde se concentraron unas 600.000 personas en la llamada "milla del aficionado" para despedir al equipo nacional, que ayer venció a Portugal por 3-1 en Stuttgart en el partido para decidir el tercer puesto del Mundial.
El público aficionado también se concentrará en esta zona de recreo de Berlín esta noche para ver en pantallas gigantes el encuentro de final Italia-Francia.
Las omnipresentes banderas alemanas han estado colgadas de balcones, automóviles, bicicletas o en manos de hinchas en calles y estadios en una nación que hasta ahora no osaba mostrar de manera ostentosa sus señas más representativas de identidad nacional.
Tras la derrota del equipo de casa en la semifinal contra Italia (0-2), las banderas fueron desapareciendo de la vista pública y las exteriorizaciones de patriotismo se hicieron más raras.
Ha fluido la cerveza, no tanta como habrían deseado los fabricantes alemanes de esta bebida, y el consumo ha aumentado, aunque tampoco tanto como habían pronosticado los expertos más optimistas, que auguraban incluso un crecimiento del 3 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) por el Mundial.
Se calcula que esta Copa ha atraído a unos dos millones de turistas del extranjero, una cifra nada despreciable teniendo en cuenta que algunos tienen un poder adquisitivo por encima de la media y que tienen que desplazarse desde otros continentes.
Pero la felicidad no ha sido completa y la verdad es que el listón estaba muy alto. Se trataba de conseguir el título de campeón mundial, pero la selección germana tropezó con Italia en la semifinal y allí terminó el sueño teutón.
En cambio, Alemania habrá logrado en esta ocasión el título de campeón de organización. El Comité Organizador, presidido por el "kaiser" Franz Beckenbauer, se ha ganado a pulso esta distinción sin reservas, según el presidente de la FIFA, Joseph Blatter.
No ha habido incidentes dignos de mención durante el mes que ha durado esta competición, pese a los presagios agoreros de algunos políticos y altos cargos policiales, que veían por todas partes atentados terroristas y otros peligros.
Si Sudáfrica, como país anfitrión del Mundial de 2010, quiere medirse con Alemania, deberá esmerarse mucho, ante todo en lo que respecta a seguridad ciudadana, que no ha dado lugar a quejas, tanto en las doce sedes del torneo como en las grandes aglomeraciones de público para ver los partidos al aire libre.
La zona pública más concurrida y la que más ha llamado la atención ha sido la "milla del aficionado" de Berlín, donde llegó a concentrarse un millón personas para ver el partido Alemania-Italia (0-2) el 4 de julio.
Esta área parte de la simbólica Puerta de Brandeburgo y se extiende varios kilómetros por la Avenida del 17 de junio. Su éxito ha sido tal que el ayuntamiento piensa utilizarla en el futuro para otros acontecimientos multitudinarios.
Pese al alto grado de seguridad, el Comité Organizador ha tenido que admitir la existencia de un floreciente mercado negro de entradas, que se deriva de la gran demanda y del alto poder adquisitivo de ciertos hinchas.
Especialmente, los aficionados británicos se han mostrado dispuestos a pagar elevadas cantidades, hasta 1.500 euros, por un boleto para ver jugar a Inglaterra.
El Mundial de Alemania también ha servido para mejorar la imagen del país en el exterior y de perfecto escenario para multitud de políticos, artistas y otros personajes del mundo del espectáculo.
Se ha podido ver en el palco de honor del estadio a una exultante canciller Angela Merkel dando saltos de alegría por la victoria contra Argentina y al presidente de la República, Horst Koehler, dando el visto bueno a las manifestaciones de nacionalismo de sus conciudadanos.
Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, el nacionalismo germano ha presentado su lado positivo y sin connotaciones nazis. Los neonazis cabezas rapadas optaron por quedarse en casa.
Como botón de muestra de que el Mundial alemán ha salido bien sólo basta leer comentarios favorables que han aparecido en países vecinos que fueron víctimas del nazismo y que aún miran con recelo a su "hermano mayor".
Así, por ejemplo, hace unos días, la prensa danesa se deshacía en elogios sobre Alemania, de la que decía que "ha sido un anfitrión ejemplar" y que ha cumplido con el eslogan del Mundial "El mundo invitado entre amigos".
Sería, quizás, exagerado hablar de "antes y después del Mundial" en Alemania, porque el fútbol, en todo caso, no ha hecho más que despertar sentimientos adormecidos, pero este torneo y sus repercusiones sociales ya están siendo objeto de sesudos análisis de psicólogos y estudiosos sobre el comportamiento alemán. EFE
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