El método antiperuano

Por: Gustavo Barnechea

Se subieron al coche. Sentí alguna vergüenza cuando vi la foto de la Sub-17 en Palacio de Gobierno con Alan García y Arturo Woodman al lado de un enorme cheque de 452 mil soles. Era de esperar que una gran oportunidad para aparecer al lado de la victoria como ésta no iba a ser desaprovechada por las autoridades. 452 mil soles. Caramba, que fue interesante la cifra para chicos menores de edad que no tienen contrato profesional. Qué mal que seguimos haciendo las cosas en este país.

Estos chicos tienen una carrera por delante. El primer cheque que deberían recibir no debió ser del Estado sino de sus clubes. Promesas como ellos deberían tener ya un contrato profesional. Porque la legislación FIFA protege la propiedad de los clubes sobre sus derechos deportivos hasta los 18 años. Después cada uno será libre de irse adonde mejor le convenga y el club no recibirá nada. A menos, claro, que tenga un contrato profesional que lo vincule a un club de fútbol y regule las condiciones de transferencia para seguridad del club y las condiciones económicas durante la vigencia del contrato para seguridad del jugador.

Pero aquí, ya digo, hacemos siempre las cosas al revés. La tentación de la foto y la luz de la popularidad son tan grandes que nos permite este gasto en autobombo tan cuestionable como, por ejemplo, los contratos de publicidad que firmara en su momento el Ministerio de Vivienda.

Ahora resulta que el Gobierno tiene plata para el deporte. Tanta que se puede gastar casi medio millón de soles para acercarse a los sentimientos de la gente. Hasta donde sé, la de fútbol es la única federación que puede vivir con fondos propios. La única que no solo se permite no recibir dinero del Estado, sino que además aporta al IPD ingresos que pueden ser destinados a otros deportes. Deportes que sin duda tienen necesidades insatisfechas para que sus deportistas de elite puedan preparase adecuadamente y/o para masificar el deporte, o para cualquier otra actividad que ayude a promover el deporte en vez de promover la imagen personal de algunas autoridades. Es de mal gusto gastarse ese dinero en tan pocos chicos, cuando el deporte peruano se muere de hambre.

Nuestra cosecha de medallas en los Panamericanos, aunque es la segunda mejor de la historia, todavía no nos dejó ni una sola de oro. No tenemos campeón panamericano en nada. Y los deportistas no tienen de ninguna manera de mejorar su preparación a falta de recursos económicos. ¿Tan grandes son los Jotitas? ¿Tanto se lo merecen? No nos engañemos, cualquiera de los “jotitas” será más famoso que un Emilio Córdova o un Akio Tamashiro. Sin duda firmarán más autógrafos. Y estoy casi seguro, ganarán más dinero. Nos hemos confundido. Estos chicos merecen todo el reconocimiento del pueblo peruano. A fin de cuentas el fútbol nos gusta mucho y tenemos todo el derecho de identificarnos más con estos chicos que con cualquier otro deportista. Pero el Estado es otra cosa. Y el IPD como su brazo deportivo también.

Más que premiar a una veintena de futbolistas Sub-17 debería promover con mayor esmero la actividad deportiva. Cuántos deportes no llegan ni siquiera a esa cifra en todo el año cuando el IPD asigna presupuestos. Cuántos deportistas ven frustradas sus esperanzas de viajar siquiera a un torneo internacional por falta de presupuesto. Ya no digo que aspiren siquiera a un viático digno si viajan a representarnos. ¿Alguien les dio a las chicas del vóley un cheque por esa cantidad por haber clasificado al Mundial? No, claro que no. Ni las empelotaron, las metieron de refilón en Palacio para calmarlas la primera vez que invitaron a los Jotitas. Lo mismo que hicieron con los medallistas en los Panamericanos. ¿Alguno de ustedes se enteró de que también estaban en Palacio los que ganaron medallas en los Panamericanos? Seguramente muy pocos lo sabían.

Y si Manuel Burga no estuviera viajando por Corea hasta que finalice el Mundial habría estado sin chistar en la foto. Habría sido una propia, por cierto. No en Palacio de Gobierno sino en su propio Palacio en la Videna. Porque hace tiempo que el presidente de la Federación de Fútbol hace las cosas solo. Ahora bien, tengamos las cosas claras y el chocolate espeso como decían mis mayores, Manuel Burga tiene algo de mérito en este logro. Es probable que Burga sea el personaje más antipático del deporte peruano para la prensa y gran parte de la afición. Pero decisiones como la del caso Gálvez-Áncash o sus continuos fracasos deportivos con las otras selecciones nacionales no tienen nada que ver con este resultado. Hace tiempo que emprendió este proyecto y durante casi dos años estos chicos han estado trabajando para tener los resultados que hoy han tenido. Es verdad, que en medio del camino, Juan José Oré, que ha tenido vital importancia en este proyecto, mudó su condición de asistente a la de técnico principal, pero incluso eso fue un acierto. Si bien voló a Pavoni por resultados de la Sub-20 y no tuvo la firmeza para respaldar a Carlos Picerni, el autor intelectual del proyecto, supo darle a Oré todas las facilidades para que este grupo tuviera los resultados que todos conocemos. No me gustaría ser mezquino con eso tampoco.

Lo único que me preocupa es que vivamos engañados pensando que nuestro fútbol está entre los ocho mejores del mundo. Eso, como es fácil intuir, no es verdad. No vayamos a cometer el error de sobredimensionar este logro y llenar de expectativa a la afición. No mintamos pensando que el problema está resuelto como ocurrió con la generación de los 70, de Cubillas, Challe, Sotil, Chumpitaz y compañía.

Recién estamos al inicio del trabajo, los futbolistas hace tiempo que dejaron de aparecer debajo de las piedras, o para ser más exactos, en las canchas de tierra. El talento es una cuestión innata pero el deportista completo es fruto del trabajo. Y el trabajo no concluye hasta que el jugador debute y luego se consolide en primera división.

Esa es una de las razones por la que nadie les corta la cabeza a los técnicos de menores en otros países más desarrollados. Porque sus resultados no se miden por el marcador del partido sino por la cantidad y la calidad de jugadores que aportan al fútbol profesional. El único objetivo de esta categoría es ese. Lo demás es alegría efímera pero poco productiva.

Esta es la primera vez que en el Perú se trabaja de manera tan prolongada con un equipo de esta categoría. Es la primera vez que tienen todas las condiciones para viajar y jugar partidos. Pero la gran tarea sigue pendiente. Que nuestros torneos de menores sean más exigentes, que no sólo tres o cuatro clubes tomen el tema con seriedad sino que haya una actividad más amplia y profesional en esta dirección.

De este grupo saldrán, eso espero, algunos chicos al extranjero. Sería lo mejor para ellos. Y para nuestros clubes que deberían orientar su modelo a la exportación de jugadores. Aún si lo que se paga por un peruano es menos de lo que se paga por un argentino o brasileño, es más de lo que lo mayoría de clubes peruanos recaudan.

Es una de las pocas posibilidades de salvación económica para nuestros clubes. Sus ingresos por taquilla son ridículos, los de publicidad están todavía muy deprimidos y la venta de los derechos de televisión bajo el modelo actual, si bien aseguran la parte más fuerte del ingreso, es todavía menor a las posibilidades del mercado. Ninguno de esos tres rubros que hoy sostienen la economía de los clubes peruanos supera el millón de dólares como si podría ocurrir con la venta de jugadores al exterior. Que estos chicos nos ayuden no sólo a levantar el orgullo nacional o la popularidad, más bien que nos inviten, antes que a otra cosa, a la reflexión sobre un futuro mejor.

 
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