6/11/2007

Los ángeles guardianes de la Sudamericana

 (Bogotá) (EFE).- San Pedro no les dio copia de las llaves del Cielo, pero en la tierra los hinchas los ven como ángeles guardianes de sus equipos y, aunque de santos no tienen nada, a sus milagrosas atajadas en la Copa Sudamericana les deben un altar el América mexicano, el Millonarios colombiano, Arsenal y River de Argentina.

El mexicano Guillermo Ochoa, el colombiano Eduardo Blandón, así como los argentinos Juan Pablo Carrizo y Mario Cuenca han sido los pilares que guiaron a sus equipos a la semifinales del certamen.

El que mayor devoción despierta en la afición es el mexicano Ochoa, de 22 años, una de las figuras más destacadas de las Águilas en la Sudamericana, especialmente en la ronda de cuartos de final ante al Vasco da Gama de Brasil.

Ochoa, el único mexicano en la lista de 50 candidatos al Balón de Oro 2007, premio que entrega anualmente la revista francesa "France Football" al mejor jugador de la temporada, fue el principal protagonista del partido de vuelta contra los brasileños.

Sus increíbles atajadas permitieron que los americanistas sacaran partido de la ventaja de dos goles (2-0) con la que su equipo llegó a Río de Janeiro, en donde cayeron por la mínima diferencia (1-0).

"Estoy contento por mi actuación, pero creo que el mérito es de todo el equipo y nos merecemos la victoria", indicó Ochoa luego de sellar su paso a las semifinales del certamen continental.

Muy distinta ha sido la historia del colombiano Blandón, un portero que arrancó este torneo desde el banco de suplentes y que supo responder a la oportunidad que le brindó el entrenador de Millonarios, el argentino Mario Vanemerak.

Blandón, que el próximo 12 de noviembre cumplirá 22 años, llegó a Millonarios procedente del club Ferro Carril Oeste, del torneo Nacional B argentino, en donde no jugó ni un solo partido y, además, a su regreso tuvo que ser suplente de su compatriota José Cuadrado.

Al hombre nacido en Las Córdobas la oportunidad le cayó del cielo, pues el titular, José Cuadrado, se lesionó justo antes del partido definitivo de octavos de final contra el Colo Colo chileno.

Y no desaprovechó la ocasión: fue figura del juego y en la tanda de penaltis, que le dio el paso a su equipo a cuartos de final.

El héroe en Santiago de Chile se volvió a lucir en los cuartos de final contra el Sao Paulo de Brasil, más que todo en el juego de ida, en el que sus soberbias intervenciones ayudaron al equipo de Bogotá firmar la histórica victoria por 0-1 en el estadio Morumbí.

Historia similar vivió en el River Plate Juan Pablo Carrizo, quien estuvo a la sombra de su compatriota Germán Lux hasta la llegada del entrenador Daniel Pasarella, quien lo ubicó en el once titular a mediados de 2006.

Carrizo, de 23 años, respondió de gran manera y sus actuaciones lo llevaron a ser llamado a la selección argentina que jugó la Copa América de Venezuela'07 y a que el Lazio de Italia comprara su pase por diez millones de dólares por cinco temporadas.

Pero por problemas con su pasaporte comunitario, el equipo italiano lo cedió por seis meses a los riverplatenses. A su llegada, tuvo que sentarse en el banquillo a ver jugar a Juan Ojeda.

Su nivel llevó a la formación titular y en la Sudamericana pasó de villano a héroe. En el empate (2-2) en el juego de ida contra los uruguayos del Defensor Sporting tuvo que ver en los goles que encajó su equipo, pero en la vuelta evitó lo que bien pudo haber sido una derrota y la eliminación del torneo continental.

El de mayor trayectoria y experiencia de los cuatro arqueros semifinalistas es el argentino Mario Cuenca, del Arsenal. Con 32 años de edad y con doce en el fútbol profesional, ha militado en Talleres de Córdoba y el Racing Club.

Sobrio y seguro, el hombre nacido en Del Campillo (provincia de Córdoba), ha derrochado liderazgo para guiar a un equipo joven y con poca tradición a las instancias decesivas de la Copa Sudamericana.

Su mejor actuación fue en los cuartos de final contra los mexicanos de las Chivas del Guadalajara, en los que sacó a relucir su experiencia para sellar el más importante hecho en la historia del equipo de Sarandí. Pero Cuenca quiere más. Ochoa, Blandón y Carrizo también.
 

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