Por: Kike Giles
Director de Deportes - www.peru.com
Desde hace más de un año la palabra “Desafiliación” ya es parte del diccionario futbolero local, utilizado por algunos como su “caballito de batalla”, y por otros como sinónimo de una decisión utópica, que nunca va a ocurrir.
Sin embargo, tras recibir –a inicio de esta semana- la amenaza de FIFA y ver como retiran del contexto internacional a Kuwait por un hecho muy similar al peruano, la desafiliación de nuestro país es un hecho casi inminente.
La mala política estatal de inmiscuirse en decisiones de la FPF –nos guste o no- a desencadenado una serie de eventos, una tras otro, que prácticamente han colmado la paciencia del máximo ente del fútbol mundial.
Hace varios meses fue la decisión de algunos congresistas (para variar en épocas electorales) de buscar derrocar a Burga y compañía, lo cual provocó que FIFA advirtiera a Perú de una posible sanción y las aguas se calmaron
(luego de las elecciones).
Sin embargo, la injerencia política volvió con mayor fuerza encarnada en el Dr. Woodman, que con sus constantes declaraciones sobre el tema, entre ellas la amenaza de intervenir la FPF el próximo 7 de noviembre, han vuelto a poner turbio el ambiente.
Sé que los políticos actúan -casi siempre- tomando decisiones apoyados por la coyuntura del momento, pues es “carne fresca” para asegurarse un lugar en los medios de prensa y enviar el mensaje que todos quieren escuchar.
Con cerca del 90% de desaprobación popular, Manuel Burga es uno de los personajes más ‘odiados’ del país, y para muchos –me incluyo- su decisión de postular a la reelección fue esperada, pero no deseada.
El Dr. Burga, con la buena campaña de la Sub-17 en el Mundial (su nueva carta de presentación), pudo haberse ido a su casa prácticamente por la puerta grande, por llamarlo de alguna
manera.
Con tantos anticuerpos, lo mejor era dar un paso al costado y dejar que nuevos aires ingresen en la Videna, que permitan un trabajo más profesional, sin tanto escándalo de por medio y con la visión de mejorar el deporte rey en todas sus instancias.
Como lo dije en su momento, el ‘Doc’ debió haber declinado de sus intenciones personales de seguir en la FPF, sin embargo decidió postular y en el proceso electoral tuvo el abrumador apoyo de las Bases, lo cual legalizó su elección y generó la reacción inmediata del mandamás del IPD con una serie de amenazas hasta hoy incumplidas (¿estará mal asesorado?).
La situación es complicada, puesto que las elecciones en la FPF se realizaron –según FIFA- con absoluta normalidad y por ende sin que existiera ningún hecho irregular (a pesar de los reclamos del entonces candidato Cúneo); por lo cual, tratar de sacar a su reelecto
presidente por la fuerza, sería un exabrupto que nos costaría la desafiliación.
Nos guste o no, Burga tiene el sarten por el mango, cuenta con el apoyo total de FIFA y esa es su principal fortaleza.
Estar desafiliados implica no poder competir tanto a nivel de selección como de clubes en torneos internacionales, no poder realizar transferencias de jugadores y desaparecer de plano del contexto internacional.
He escuchado y leído opiniones a favor de la temida desafiliación, “porque es el único medio para sacar a Burga”, pero eso no es más lejano a la realidad, puesto que desde Zúrich lo primero que se solicitará para volver a afiliarnos es que la Directiva actual se mantenga en sus funciones.
Por los exabruptos de uno y por la terquedad del otro, la situación de Perú es cada vez más compleja, y con un entorno así, el único camino posible parece ser el castigo de FIFA.