Todos sabemos que el tema fútbol es polémico e impredecible, por lo que pueda suceder dentro de un campo de fútbol y, asimismo, por la variedad de opiniones que suscitan, ya que prácticamente cada hincha es un técnico en potencia.
Es decir, que el tema fútbol siempre es motivo de las más variadas opiniones, en cuanto al juego se refiere, y en esta oportunidad motiva la nota de esta semana, cómo un tema, a su vez polémico, pueda lograr unir tantos criterios en lo que se refiere a la otra cara del fútbol, la dirigencia.
Desde hace mas de 25 años estamos acostumbrados a recibir frustrantes resultados con nuestras selecciones y los clubes locales en las competencias internacionales (excepción de Cienciano campeón de la Copa Sudamericana y Recopa el año 2005, así como la campaña de la selección sub 17), por lo que llegamos a la conclusión que los buenos tiempos se acabaron y que los cambios en la conducción de los clubes y la Federación Peruana de Fútbol son una exigencia prioritaria para este deporte.
Los constantes fracasos de los equipos en las competencias internacionales, la falta de torneos
oficiales en las categorías menores, la inestabilidad económica y las deudas con los jugadores en la mayor parte de los clubes, sumado a la escasa visión de la comisión de la selección peruana, han llevado a nuestro fútbol a las últimas posiciones a nivel sudamericano.
Como en toda empresa, los encargados de elaborar los lineamientos de gestión son los ejecutivos que proponen metas y objetivos, que de no lograrse, son los que asumen la responsabilidad.
En el caso del fútbol, es el Presidente de la FPF quien tiene la responsabilidad directa de la situación del fútbol en general, porque es el ente rector que tiene que velar para que se realicen torneos con reglas claras respetando las bases y reglamentos aprobados al inicio del torneo (se comenta que no habrá baja). Además, debe apoyar a la selección y solucionar los problemas administrativos que puedan suceder (caso Pizarro, que recurrimos a la FIFA cuando se pudo solucionar el problema internamente) y, principalmente, asumir los resultados deportivos que es el principal motivo de su presencia en la FPF.
Todos sabemos que el cargo de presidente
de una Federación es ad-honoren, que postulan dirigentes con la finalidad de aportar, con ideas y trabajo, la mejora del deporte que representan y estos se miden por los resultados deportivos que, de no lograrlos, se debe dar un paso al costado.
El clamor popular, del cual también soy parte, pide un cambio en la conducción de la Federación Peruana de Fútbol, la presencia de Manuel Burga no es más tolerable por la afición futbolística debido a que los resultados deportivos no avalan su gestión..
A pesar de estar en plenas eliminatorias nos enfrentamos a un grave problema con la FPF, al pretender legitimizar una directiva sancionada por las autoridades del deporte nacional y, haciendo caso omiso a ello, esperan aferrarse a sus cargos, en desmedro de lo que debería ser su única razón de ser: servir al deporte. De esta manera, se arriesga a nuestro país a quedar desafiliado de la FIFA, y con ello, del fútbol mundial.
Los peruanos no nos caracterizamos precisamente por ser un pueblo unido, pero esta actitud de la FPF ha tenido una única virtud: unir a la mayoría de peruanos en contra
de estas personas que están anteponiendo sus intereses personales a los del deporte, al cual deben servir y para lo cual fueron elegidos.
No se puede jugar con los sentimientos de un pueblo, cuya pasión por el fútbol es conocida y se prefiera la desafiliación del deporte más popular, por seguir manteniendo en un cargo que ha demostrado una ineptitud a prueba de cualquier análisis.
Se han visto situaciones por demás vergonzosas, donde al tomar decisiones, lo último que interesa es el fútbol. Los que hemos vivido mejores épocas de este deporte sentimos que la pasividad observada debe dar paso a una actitud frontal en contra de personas que han demostrado que carecen de la capacidad de renuncia; algo que debe considerar toda persona que no realice sus labores adecuadamente.
En mi Anécdota del Recuerdo quiero recordar a grandes dirigentes de mi época, que luchaban codo a codo con los jugadores para sacar los mejores resultados, sin buscar protagonismos personales, donde el reconocimiento les venía por la labor que desarrollaban, en beneficio de sus instituciones.