El deporte en el Perú hace rato que tocó fondo y nadie en nuestra patria pareciera darse cuenta.
Es tal la ansiedad de este entorno por conseguir triunfos, que cualquier resultado puntual exitoso, se le resalta como si se hubiera logrado un campeonato mundial, se echan las campanas al viento, sin profundizar si éste ha sido producto del azar, o de un trabajo realizado seriamente y a largo plazo, pues una golondrina no hace verano.
Muchos son los ejemplos, pero nos quedaremos con el fútbol, el deporte de multitudes, tan venido a menos en nuestra patria, producto de un entorno corto placista y poco profesional, llámense aficionados, dirigentes, entrenadores, jugadores y periodistas, que a la mayoría les falta capacidad de análisis, y formular propuestas serias para el desarrollo de nuestro deporte.
En los 10 últimos años el fútbol peruano ha producido tres buenos resultados: el subcampeonato obtenido en la Copa Libertadores de América por el Sporting Cristal en 1997; el título del Cienciano del Cusco al obtener la extravagante Copa Sudamericana en el 2003 y la clasificación con muchas dificultades de la S17 al mundial de Corea del Sur de la categoría en el 2007, sin generar continuidad, producto de circunstancias especiales. El resto suman decepciones que nos han llevado a ocupar el penúltimo puesto en Sudamérica, lugar impensado hace una década.
Todos estos logros fueron conquistados sin base alguna, repito producto más del azar, que de un trabajo planificado y serio.
Profundicemos la actuación de los menores en estos tres últimos años, período de tiempo que la FPF apostó
por Picerni y tres argentinos más, que comenzaron a principios del 2004, que iban a desarrollar nuestro fútbol con su pomposa e inútil propuesta “Creciendo con el Fútbol”
He sido bastante crítico con el trabajo realizado en menores de la FPF, en especial el de este desquiciado plan implantado por los argentinos Picerni y Pavoni.
No se trata de masificar el fútbol por masificar. Se puede empujar el carro hacia el barranco con una fuerza extraordinaria, pero finalmente el carro caerá al barranco pero más rápido.
Una de las tanta diferencias que tenía con el plan de trabajo propuesto por Benezet el formador francés traído en el 2003 para desarrollar nuestro fútbol y extrañamente desembarcado por la FPF, reemplazado por esa nefasta dupla ( hoy día Benezet está al frente del plan que tiene la FIFA para el desarrollo del fútbol de los países del tercer mundo, que de no venir él, podrían haberlo hecho cualquiera de los más de 100 técnicos franceses con la misma preparación para llevar a cabo esa misión) era la de capacitar a profesores de entrenadores para que una vez capacitados, formen integralmente al niño.
Para ello se crearía la DTN y los técnicos ya capacitados se instalarían en las distintas Videnas existentes (Lima, Chincha, Piura y Tacna) y por crear (Arequipa, Trujillo e Iquitos) para comenzar esta formación de los menores a través del fútbol 7, que demandaría por lo menos 10 años de intenso trabajo.
El plan de los argentinos con su “creciendo con el fútbol” era masificarlo sin importar quien formaba al niño, podría ser el alcalde del pueblo, el policía de la esquina,
o el que usted, amable lector escoja, por supuesto que ninguno capacitado para esta misión.
Hoy día en un mundo globalizado y profesional, los entrenadores de fútbol están cada día más preparados y son verdaderos profesionales en la materia, y no unos improvisados, como los cuatro argentinos propuestos por Lombardi, cuando era director de la FPF, que se llevaron del Perú cerca de un millón de dólares por un equivocado trabajo de tres años, con los resultados por todos conocidos, y que terminaron huyendo.
Fracasaron ruidosamente en el mundial organizado por el Perú en el 2005 dirigiendo a la S17, cuando siendo locales no se ganó ningún partido, se empató con Ghana a 1 cuando los africanos quedaron con 10 jugadores desde los 10 minutos del primer tiempo, se perdió con China por 0 a 1 y con Costa Rica por 0 a 2. Ni siquiera pasaron de la primera fase.
Luego en el Sudamericano S15 de Bolivia disputado en el 2005 donde el Perú, dirigidos también por esta dupla, perdió con Argentina 1 a 0; con Bolivia 5 a 1; con Venezuela 2 a 0 y empató a uno con Chile.
Con la huída de los argentinos del Perú, Juan José Oré toma en el 2006 las riendas de la S17 que tendría que jugar el Sudamericano del 2007. Ocho de los jugadores que actuaron en Bolivia forman parte de este seleccionado que clasifica al mundial ocupando apenas el cuarto puesto, ganándole a los que debía de ganar y perdiendo con los que debía.
Son recibidos como héroes por este entorno ansioso de triunfos. Pocos ponemos los pies sobre la tierra.
En el mundial de Corea repite su buena actuación, nada del otro mundo, terminando
en un octavo lugar que se festeja como si se hubiera ganado el mundial. Los Chicos pasan a ser nuevamente héroes y Juan José Oré se transforma en el entrenador de moda, e incluso algunos lo proponen para que sea el entrenador de la selección nacional.
Por mi parte vuelvo a poner los pies sobre la tierra y solicito que Oré, un proyecto de buen entrenador, junto a otros jóvenes técnicos peruanos como Franco Navarro y Rivera, sean enviados un año a Europa a capacitarse.
Los buenos resultados enceguecen. La FPF y parte del periodismo creen que han encontrado al entrenador soñado que va a cambiar nuestro fútbol.
La realidad choca contra las falsas expectativas. Le entregan la nueva S15 que acaba de jugar en el Sudamericano de la categoría en Brasil, perdiendo sus cuatro partidos. Contra Brasil por 1 a 0, pero los cuatro cambios realizados por el técnico de la selección local, hace que en la mesa gane el Perú. Luego la realidad golpea en la cara de los “supuestos entendidos”. Se pierde consecutivamente contra Uruguay por 4 a 0, contra Venezuela por 3 a 2 y Ecuador golea por 5 a 1. Nuevamente se termina último.
Juan José Oré es un proyecto de buen entrenador al cual le falta capacitarse en este mundo tan profesional que se ha vuelto el fútbol, por lo que reitero mi pedido, hay que enviarlo lo más rápido posible a capacitarse a Europa, junto a otros proyectos de buenos técnicos que existen en el Perú, si no lo van a terminar por quemar, y nuestro fútbol se volverá a perder otra gran oportunidad de formar a buenos técnicos que empiecen con la ardua tarea de desarrollarlo.