Zinedine Zidane sabía muy bien que ese era un instante que no podía dejar pasar. La gloria le sonreía en el área con la silueta de Thierry Henry. El artillero histórico del Arsenal, desmarcado en el área y con la mesa servida para gritarle a todos los brasileños que la alegría esta vez tenía la armonía de la Marsellesa y sabor a champiñones frescos, la clavó en el arco de Dida con la furia de quien sabe que la distancia entre el límite y el cielo sólo está fijada por la ambición de grandeza. Brasil se cansó de tanto jugar en el vestuario, como en los comerciales, Zizou se puso el frac, Ronaldinho, Kaka, Cafú y compañía se quedaron las pijamas puestas y embarcaron a la desilusión
mais grande du mundo. Adiós al sueño del hexacampeonato. ¡Vive le France! ¡Viva el fútbol de Zinedine Zidane!, el genio que fue capaz de exterminar a los extraterrestres del balompié con su juego lleno de poesía.
Brasil nunca apareció en Alemania 2006. Y se entiende. Demasiado marketing y publicidad jugó en contra del equipo de Carlos Alberto Parriera. El mundo entero esperaba que Ronaldinho Gaucho hiciese verdarera magia con el balón, que Ronaldo la metiese con los ojos cerrados (es justo el reconocimiento por haber superado el record de Gerd Muller como máximo artillero de la historia de los Mundiales), o que Roberto Carlos desde su propia área anotase con un cañonazo de
aquellos que sólo pueden ser disparados desde su botines. Brasil fue la verdadera decepción de la Copa del Mundo. Nunca mostró el jogo bonito, ni el menos un fútbol decente. Fue un cúmulo de ejercicios individuales que les permitieron ganar cuatro partidos seguidos. Sin embargo, cuando apareció un rival que les pudiese jugar sin complejos como Francia, no encontraron los caminos del gol y más bien, se enfrascaron entre sus propios problemas. Demasiadas estrellas y ni un sólo líder que pudiese ponerse al equipo al hombro. Ese líder que sí tuvo Francia en Zidane. Genio, genio total.
Por la salud futbolística mundial, me suena bien que Brasil haya sido eliminado. Pensar en un torneo
en el que el resto de selecciones luchaban por el segundo lugar sonaba un tanto aburrido. Como en la fórmula uno, cuando Michael Schumacher ganaba siempre y las carreras perdían adrenalina, apareció Francia para devolvernos la emoción. De ahora en adelante será un Mundial de europeos únicamente. Premio a quienes han hecho de sus ligas verdaderas pasarelas de estrellas. Italia, Alemania, Portugal y Francia son la expresión de un juego que no sólo se ha escrito con los pies, sino con la cabeza. Hombre por hombre, Brasil debería campeonar siempre, sólo en teoría, porque cuando más que nunca se les pidió jugar como en los comerciales, Zizou los mandó a una pausa sin retorno.
¿Considera justa la elección como mejor jugador del mundial a Zinedine Zidane?