Fracaso de la Sub-20 no es casualidad
Por Kike Giles
Director de Deportes - www.peru.com

La temprana eliminación de la selección peruana Sub 20 del Sudamericano de la categoría que se viene realizando en Colombia me ha dejado una terrible desazón, no solo por quedar fuera de la competencia, sino por el nivel de juego mostrado, una verdadera vergüenza.

Perú nunca mostró en la cancha lo poco o nada que se trabajó. Ni siquiera se pudo observar en este equipo la típica característica de juego atildado y de toque, nada de nada. Hay una vieja frase que antes era casi un sinónimo de los equipos incaicos: "Jugamos como nunca, pero perdimos como siempre", esta vez ni siquiera eso podemos decir, pues este conjunto salió siempre a no perder (defensivo), y careció de actitud (jugadores) y planteamiento (técnico).

Buscar un culpable es lo más fácil del mundo. Ahora -con el árbol caído- es muy sencillo sindicar al técnico como máximo responsable, pero no es el único. Hay un sin número de situaciones que condicionaron que esta selección -¿y las que vienen?- sea considerada como el peor equipo del torneo sudamericano.

Lastimosamente la historia se repite cada vez que hay un evento de esta índole. Excusas hay por montón: Falta de tiempo para entrenar, escasos números de partidos amistosos, poco apoyo dirigencial, falta de predisposición de los clubes para ceder a sus jugadores, etc.

Este nuevo fracaso no es un hecho casual, es una realidad que siempre estuvo presente. Esta vez la culpa no solo es de los jugadores ni de los técnicos que están al frente de estas categorías, sino de la estructura en divisiones menores, donde ni siquiera la 2/3 partes de los equipos que militan en Primera División poseen equipos juveniles.

¿Cómo revertir este problema?

Hasta el más despistado podría darse cuenta que la mejor manera (no la única) que tienen los clubes para autofinanciarse es formando futbolistas con la finalidad de que estos puedan ser vendidos al exterior en un futuro. Y una de las vitrinas que tienen los equipos para mostrar sus productos (jugadores) es en este tipo de torneos internacionales, que capta la atención de una buena cantidad de equipos extranjeros para evaluar -in situ- a sus probables fichajes.

Si eso es tan obvio. ¿Por qué la poca predisposición de los clubes para ceder a sus jugadores a las distintas selecciones juveniles? ¿Acaso no se verían beneficiados con una buena actuación de la selección?. La excusa más usual para perjudicar la labor del seleccionado es que los convocados forman parte del cuadro principal de su equipo y tienen compromisos por el campeonato local. Considero que con un adecuado manejo de la FPF se podría hacer que los seleccionados tengan prioridad para con el equipo de todos, por lo menos dos días por semana durante el periodo de entrenamientos, pues el prestigio del país está en juego, no de los equipos.

A esto se suma el paupérrimo nivel de los torneos juveniles en el país. Tanto la Sub 20 y Sub 17 están formados -en su mayoría- por jugadores provenientes de Alianza Lima, Sporting Cristal y Universitario (en ese orden), pero la poca competencia en el medio hace que no surjan valores de calidad. "En el país de los ciegos, el tuerto es rey". Aquí la Federación sí tiene mucho que ver, pues la exigencia de tener divisiones menores en los clubes no debe ser letra muerta, sino que debe supervisar que se realice un trabajo serio, pues de ello dependerá el sustento de estos equipos y permitirá a futuras selecciones nutrirse de más y mejores futbolistas.

En este punto quiero señalar que estoy en total desacuerdo con esas 'bromas' que señalan que la Sub 20 actual es realmente Alianza Lima vestido con la camiseta rojiblanca. Considero que el trabajo que viene realizando el club íntimo, así como Sporting Cristal (y Universitario), es digno de elogiar y comenzará a dar sus frutos en algunos años. Ambos clubes brindan a sus pequeños futbolistas no solo formación deportiva, sino que también se preocupan por su educación. Estos clubes no tienen la culpa que otros equipos se desinteresen de sus divisiones menores y no tengan mayor competencia en los distintos torneos que se realizan en el país. Sin campeonatos que no exijan a los jugadores un mínimo esfuerzo, cada partido será como un mero entrenamiento y no se podrá valorar el verdadero nivel del equipo y su plantel.

A esto se tiene que sumar la exigencia de contar con técnicos con capacidad comprobada, que permitan a sus dirigidos asimilar al máximo sus conocimientos y sea parte de su crecimiento profesional.

Con un trabajo serio, planificado y con profesionales capaces, clubes que tengan una adecuada infraestructura que permita el desarrollo de futuros 'cracks', el apoyo logístico de una Federación fuerte (Dirección Técnica Nacional incluida) y la decisión de todos los estamentos vinculados al fútbol de mirar hacia un solo objetivo, la situación podría cambiar. Esto no se realizará de la noche a la mañana, pero se tiene que dar sí o sí, ya es hora que dejemos de vivir en la mediocridad.

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