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Perfecto ejemplo a no seguir
Por Cesar Chavez-Riva
El incidente policial en el cual fue envuelto el jugador de Universitario de Deportes, Mario Gómez, debería llamar la atención de todos los personajes que pertenecen al entorno del fútbol profesional en el Perú. Si bien es cierto que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, también es sabido que no es la primera vez que a este personaje se le involucra en un caso de violencia extrema.
Gómez apareció en el fútbol rentado al ser promocionado en la temporada del año 1997 justamente por su actual entrenador, Osvaldo Piazza, participando en el equipo que logró el título de ese mismo año apenas con 16 años de edad. Sus inicios fueron como volante hasta que llegó al seleccionado juvenil que participó en Mar del Plata en enero de 1999, donde bajo las órdenes de Juan Carlos Oblitas pasó a jugar como lateral izquierdo.
Sus virtudes como jugador, sumadas a su garra y fortaleza, le valieron para ser destacado por propios y extraños como una promesa para el fútbol, pero en contraparte su vehemencia y temperamento para jugar, en muchas ocasiones, perjudicaron a su equipo por las excesivas expulsiones de las que fue sujeto.
Al pasar el tiempo nos fuimos percatando que aquella violencia, y en muchas oportunidades mala intención, no era solo producto de la disputa de tres puntos, sino también la reflejaba en los entrenamientos con su equipo y en su vida personal.
Algunas rencillas en lugares públicos, borracheras en plena vía pública o lozas deportivas, fueron también titulares en diarios y motivos de "ampays" en programas de televisión; o sea que fue haciéndose de una fama como indisciplinado. Ante tantos problemas la directiva de Universitario de Deportes decide prestarlo a algún equipo del exterior para no perder la inversión que hizo en él y a la vez ganarse unos dólares en la transferencia.
A pesar de no haber actuado como todo un buen deportista profesional tuvo la oportunidad de ser recibido en Europa como en tres oportunidades para mostrarse como jugador, pero increíblemente en todas las ocasiones no soportó más de una semana y retornaba al Perú. Su inmadurez y la falta de confianza en sí mismo, o quizá el rechazo de aprender un nuevo idioma, vivir como gente, alimentarse adecuadamente o simplemente no tener con quién chupar, lo hacían regresar. La última vez que tuvo ocasión de emigrar fue cuando, ya vendido a un empresario argentino, estuvo en Buenos Aires para realizar una prueba en el Club Independiente de Avellanada, pero para no cambiar de estilo también se marchó sin completar las pruebas programadas.
Cada vez que retornaba al país las puertas de la "U" le fueron abiertas, esto hacía que no le diera mucha importancia a las oportunidades que dejaba escapar, grave problema, ya que sin querer los merengues le "apañaban" inconscientemente su indisciplina. Los dirigentes cremas jamás se percataron que el problema no era el jugador sino ellos, ya que al haberlo tenido en sus inferiores y luego en la plantilla profesional por tanto tiempo, no se dieron cuenta que necesitaba ayuda psicológica y un programa de asistencia social.
Mario Gómez (21), alias "Machito", por machito se encuentra hoy tras las rejas de la prisión Sarita Colonia en el Callao. El ahora triste célebre jugador fue partícipe (conjuntamente con su primo Raúl Urbina) de un asalto a mano armada en contra de una pareja de amigos en un baile social, de los cuales una de las víctimas fue muerta y el otro se encuentra con graves lesiones de bala en el rostro.
Cabe destacar que Mario Gómez se presentó voluntariamente a la policía y se declaró inocente mientras que su primo se encuentra prófugo, en estos momentos las investigaciones no favorecen al jugador, es la palabra del deportista contra la de muchos testigos que lo sindican como el ejecutor de los disparos. Aunque la prueba de parafina muestra una mínima cantidad de pólvora en su cuerpo, la cual puede estar considerada dentro del radio de un metro de expansión por la explosión que ocasiona un disparo, aún se sospecha que también tuvo un arma de fuego al encontrarse casquillos de dos calibres diferentes.
En esta oportunidad el crema no la tiene nada fácil, ya que zafarse de la marca de un guardia, eludir el pressing de una celda y volver a celebrar por su libertad, le costará algún tiempo; lapso que ojalá le sirva para reflexionar sobre todo lo que le ofreció la vida, las oportunidades que desperdició y aprender a respetar a los demás.
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