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Que se acaben las excusas
Por Cesar Chavez-Riva
En el fútbol para justificar errores o menospreciar virtudes los hinchas, dirigentes, entrenadores, jugadores y hasta muchos periodistas utilizan la palabra "suerte" equívocamente. Prácticamente esta palabra se ha institucionalizado dentro del vocabulario futbolístico, pero ¿la palabra "suerte" existe en el fútbol? ¿Se puede usar?
La suerte o el azar existen, eso no se puede discutir, pero en el fútbol no es aplicable para todas las instancias. Por ejemplo para la realización de un fixture o en la estructuración de grupos para un campeonato se hacen sorteos para ver quienes juegan entre sí o para determinar quienes son los que pertenecen a determinada llave, éstos se realizan obviamente para evitar beneficiar a algún equipo, por ende la elección es determinada por la suerte.
Pero cuando se quiere justificar un empate o derrota, o simplemente cuando un jugador falla en la definición, o cuando un portero rebota un balón hacia un contrario, la palabra "suerte" pierde objetividad y pasa a ser simplemente una excusa. "Tuve suerte que el rebote me cayera a mí..." "Qué mala suerte, la pelota pegó en el travesaño..." ¿Hasta cuándo vamos a tener que lamentarnos o alegrarnos por la "suerte" dentro de un partido de fútbol? Señores, entendamos de una vez por todas que cada uno hace y busca su suerte.
Sostengo desde todo punto de vista que los resultados no se merecen, se consiguen, y para eso se trabaja duro y parejo durante toda una temporada. Cansa escuchar o leer declaraciones donde muy alegremente los responsables dicen: "la suerte no estuvo con nosotros, disparamos veinte veces más que el rival y la pelota no quiso entrar, mientras que ellos en un contragolpe nos anotaron". Analizando esas declaraciones llego a la conclusión que el que efectuó un solo disparo al arco y anotó un gol tuvo el 100% de efectividad; mientras que el que lo hizo veinte veces y no marcó tuvo cero de efectividad, entonces ¿con qué criterio justificamos el no anotar con una respuesta tan bárbara?
"Mi equipo jugó mejor que nunca, pero no tuvimos suerte para salir airosos." Si alguien ya escuchó o leyó esto y se la creen, tendríamos que decir que el fútbol peruano es "salado" (sin suerte) entonces. Pero no es así, no es el fútbol peruano, somos nosotros que no nos damos o no queremos darnos cuenta que el fútbol peruano no gana porque se quedó en el tiempo, porque no progresó, porque muchos aún no se dan cuenta que la metodología para la enseñanza evolucionó.
¿Y por qué no evolucionó? Simplemente porque no tenemos cultura de fútbol, porque no estudiamos, porque vivimos del recuerdo. Porque creemos que nunca vamos a poder cambiar ni levantarnos, como decía Delfino: "Qué tanto reclaman si siempre fuimos segundones". Porque la mayoría de peruanos nos sentimos acomplejados, porque somos temerosos y además porque somos flojos. Queridos lectores, las excusas son tan dañinas que hasta te las crees a pesar que sabes que no son ciertas. Les quiero contar de un entrenador que tuve en mi carrera deportiva. En el año y medio que trabajé bajo su dirección aprendí mucho de él, me refiero a Marcos Calderón. Ya era un viejo zorro del fútbol cuando lo conocí, o sea que imagínense todo lo que uno podía aprender de él. Unos dicen que no fue el mejor estratega del fútbol peruano, pero al mismo tiempo nadie puede negar que fue el más exitoso de la historia.
Una de las anécdotas que nunca olvidaré fue cuando en una oportunidad entra muy molesto al vestuario de los jugadores después de una práctica y con voz fuerte y gruesa nos dijo: "Señores, desde hoy se acabaron las excusas. El que no se sienta capaz de realizar bien su trabajo será mejor que renuncie." En otras palabras, mejoras o mejoras, sino ve despidiéndote.
Con esa frase resumo lo que quiero para el fútbol peruano. Un fútbol sin excusas y con gente que se sienta capaz de ser cada vez mejor.
Hasta el próximo lunes...
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