Al estadio
Por Luis Puiggrós Planas

A diez días de mi llegada a Barcelona, recién pude ir al fútbol el domingo pasado. En esos días, debido a las fechas FIFA, sólo habíamos visto fútbol a través de la televisión los encuentros jugados por España en la repesca de la Copa de Naciones de Europa contra la selección de Noruega, clasificatorio para la Eurocopa de Portugal para el verano europeo del 2004, que terminó con la clasificación de los hispanos por un global de 4 a 1 (2 a 1 en Valencia y 0 a 3 en Oslo).

Fuimos al estadio LLuis Companys del Montjuic, donde se celebraron las olimpiadas de Barcelona 92 que tan bien le hizo a la Ciudad Condal que desde entonces está preciosa, mucho más bonita de lo que ya era, donde hace de local el Español que esa tarde se enfrentó al Sevilla, que venía de golear a los galácticos del Real Madrid en casa por 4 a 1 y que tenía el gancho de ver en vivo y en directo a su estrella Reyes, la nueva sensación del fútbol español.

Una ciudad para conocerla hay que "patearla" y eso es lo que hacemos en esta nuestra novena visita, como la hicimos las veces anteriores.

Nunca habíamos realizado el recorrido para ir a Montjuic como lo realizamos ahora, siempre lo hacíamos en carro, el Domingo a pie, como mandan los cánones.

Tomamos el metro en la estación Vallcarca y lo dejamos en la estación Plaza España viaje que duró 15 minutos. Desde ahí en plena Plaza España, subimos a pie no se cuantos escalones en quince minutos más, muchos de ellos en escalera mecánica. Recordamos la llegada de la maratón de la olimpiada de 1992 cuando los atletas cumplían el final de su recorrido, narradas por nosotros en ese entonces por América Televisión, al ingresar por las dos torres venecianas y emprender por la avenida Reina María Cristina hacia las escaleras. Al final de la travesía nos topamos con el imponente Museo Nacional de arte de Cataluña para torcer a la derecha e ir al estadio olímpico, centro neurálgico de aquella olimpiada. A la derecha el Palau San Jordi y a la izquierda el Lluis Companys.

Al terminar, ya de noche, el recorrido inverso pero con un agregado. Ver de lo alto Barcelona de noche, totalmente iluminada y al fondo a lo alto la imponente iglesia del Sagrado Corazón hermosamente iluminada, visión inolvidable. Lo único que nos faltó es que funcionaran las fuentes iluminadas alrededor de dicho paseo para que fuera perfecto.

Pero ingresemos de lleno el fútbol. El estadio con poco público, unas 17,500 personas, debido a la pésima campaña "perica". Del partido poco que rescatar. Un equipo que quiere y no puede como el local, y otro totalmente al la defensiva, lejos del que goleó al Madrid, agazapado atrás para dar el supuesto zarpazo en el momento oportuno que llegó sólo dos veces, una abortada por un individualista Antoñito, y otra por una excelente atajada de Toni, el arquero blanquiazul.

Los dos con un planteo similar, 4-4-2 con una línea de cuatro con marca zonal al fondo, dos medios recuperadores, como volantes anclas, y dos bien abiertos, entre estos por la izquierda Reyes, una verdadera decepción, demasiado individualista, por lo que le cometen muchas faltas la mayoría simuladas por el y demasiado protegido por el árbitro, arrancando de muy detrás y sin pedir nunca el balón, el típico jugador que llega a la vista pero que sólo juega para él, muy sobredimensionado por la prensa española, que no creó no una acción de peligro, y dos atacantes en punta.

El primer tiempo para olvidar, que mejoró notablemente con el ingreso de Tamudo y De la Peña en el conjunto local, que juntándose con Jordi Cruiff y el argentino Maxi Rodríguez comenzaron a tomar el control del partido. Estábamos en eso cuando en la enésima falta a Reyes (simulada o no) es expulsado por doble tarjeta amarilla el defensa del Español Lopo. Con diez jugadores los locales le pusieron garra que fue recompensada en el minuto final cuando una falta sacada por De La Peña fue cabeceada por el francés Doromound dándoles la victoria por la mínima a los dirigidos por el francés Luis Fernández, quien debutaba como entrenador del Español en Montjuic.

Mención aparte merece el colegiado del encuentro Lizondo Cortés quien debutaba en la Liga. Si nosotros en el Perú nos quejamos de los árbitros, tenían que haber visto la actuación de este. Sacó catorce cartulinas amarillas y una roja, nunca tuvo el control del partido, tenía distinto criterio para una misma jugada, ante cualquier roce a los sevillistas tarjeta amarilla para los locales. Los rojos, que así vistió el Sevilla, en España el visitante usa la camiseta alterna, tenían licencia. Un arbitraje sin personalidad (deambulaba en el campo sin norte) una de las pocas cosas, junto a saber las reglas y al estado físico que le exigimos a los árbitros, hizo un arbitraje deplorable, para demostrar que en todas partes su cuecen habas.

Ya les comentaré en otros artículos, más partidos en este periplo de un mes que estamos haciendo por Barcelona, la tierra de mi padre.

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