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Hirieron a la historia
Por Luis Puiggrós Planas
El domingo último Alianza Lima y Universitario de Deportes disputaron el clásico 300 de una vieja y querida historia llena de ilusiones y fracasos, en la cual no hay vencedores ni vencidos, donde no son enemigos, son a lo sumo rivales, entrañables y respetados amigos.
Era una fecha para que ambos ofrecieran un espectáculo memorable, pero las miserias en que se encuentra nuestro país, a la cual el deporte, por ende el fútbol y como lógica consecuencia el clásico, no pueden estar ajenas y le ganaron a los deseos de todos. Fue un partido para olvidar, en el cual los protagonistas le hicieron un flaco favor a la historia, dejándole una herida profunda.
Esa historia se remonta al 23 de Setiembre de 1928 cuando en el denominado "clásico de los bastonazos" se enfrentan por primera vez que se salda con el triunfo de los cremas por uno a cero con gol de Pablo Pacheco a los siete minutos y que tuviera como testigo al viejo estadio nacional de Santa Beatriz.
Luego se juegan en numerosos estadios e inclusive en el extranjero, como lo detalla en una edición extraordinaria la revista Don Balón Perú en su extra número 6 de 1999, donde incluye toda la historia de los enfrentamientos entre ambos clubes, las fichas completas de los 271 clásicos jugados desde aquel del 23 de Setiembre de 1928 y que concluye con el del 28 de Marzo de 1999 cuando la U derrotó al los grones por dos goles a uno, con arbitraje de Gilberto Hidalgo, el mismo que actuó el Domingo último.
Se incluyen también en ese número de colección fotos inéditas, entrevistas y reseñas de los grandes protagonistas y tablas y estadísticas completas. Luego de la aparición de esta revista se han disputado 29 partidos más hasta llegar a los 300 del 31 de Octubre del 2004.
Pero ¿cómo se inician estos? Lo hemos contado en otras oportunidades, pero creo oportuno repetirlo.
El primero en nacer es el Alianza Lima el 15 de Febrero de 1901, con el nombre de Sport Alianza en un stud de caballos de carrera perteneciente a don Augusto B Leguía, posteriormente presidente de la República, en la calle Cotabambas. En la década del 20 cambia su nombre al actual el del Alianza Lima. Comienza a definir su personalidad caracterizada en la gente humilde, la mayoría de raza negra.
En otros círculos sociales de nuestra capital, el fútbol ganaba adeptos y un grupo de jóvenes universitarios provenientes de familias acomodadas fundan un 7 de Agosto de 1924 la Federación Universitaria de Deportes recolectando numerosos adeptos.
Los universitarios acceden en 1928 a la Liga amateur que era el mejor campeonato que se jugaba en el Perú y donde reinaba el Alianza Lima. Necesariamente tenían que enfrentarse estos dos equipos, cada uno representando a un sector de la sociedad y los victorianos necesitaban de un empate para obtener el título.
Ganaron los cremas por uno a cero como mencionamos anteriormente pero tuvo un epílogo que por sus características se convirtieron en leyenda, naciendo inmediatamente la rivalidad, hasta convertirlo en el más importante partido a nivel nacional.
El árbitro uruguayo Julio Borelli por diversas circunstancias del juego expulsó a cinco jugadores aliancistas, Miguel Rostaing y Jorge Quintana, fueron los primeros junto al crema Mario de las Casas, luego Soria y Manguera Villanueva fueron los siguientes y al cumplirse el minuto 80 Juan Rostaing le comete penal a Juan Ruiz. Borelli cobra la falta y expulsa al aliancista, por lo que estos quedan con seis jugadores y suspende el partido reglamentariamente, quedando ganador Universitario por 1 a 0.
En medio de la trifulca armada luego de terminado el partido un grupo de seguidores de los universitarios increparon duramente a los rivales, es así que los hermanos García Domingo y Filomeno saltaron la valle a enfrentarlos. Estos se defendieron a bastonazos y desde ahí tomó el nombre del " clásico de los batonazos" es así que de manera violenta se inicia esta hermosa historia que ya llega a los 300 partidos.
El Domingo 31 los actuales planteles le hicieron un flaco favor a esta al empatar a cero, en uno de los peores clásicos jugados, donde los protagonistas le faltaron el respeto a la historia.
Sabemos que nuestro fútbol está en franco descenso, pero hasta en esto le están quitando la ilusión al aficionado al comprobar que apenas 16,000 personas acudieron al estadio nacional a presenciar el juego, pues ya ni estos partidos aseguran la posibilidad de ver un buen espectáculo.
Es la mediocridad total. Un fútbol totalmente antiguo donde nadie abre la cancha y todo queda centralizado en el medio campo, sin peligro en las áreas, por lo tanto sin emoción. Hemos resaltado que uno de los principales problemas de nuestro fútbol es la lentitud con que se juega, no existe cambio de ritmo, y el individualismo, que se torna alarmante en el excesivo traslado del balón, cuando más simple se juegue es mejor y la mejor manera de hacerlo es que el jugador entregue el balón a un toque máximo dos. A mayor velocidad mayor sorpresa, pero con la lentitud que se juega en el Perú esta no va ha existir jamás y los partidos serán cada vez más aburridos.
Alianza con un 4-rombo-2 demasiado estático, pierde sorpresa y su juego es totalmente predecible. Los cuatro del fondo son Salas y Vilchez por los laterales que casi nunca ganarán la raya de fondo rival en su intento de abrir la cancha, con Arakaki y Soto como centrales. Jayo inicia el rombo, por su derecha va Saritama y por la izquierda Hidalgo, cerrando el rombo Olcese. Nunca un cambio de posición siempre un esquema rígido. Adelante a treinta metros de distancia a pelear algún pelotazo Baldeón y Maestri. Ni los cambios variaron este rígido esquema. Viza por Olcese y Sáenz por Baldeón fue más de lo mismo.
Los cremas aún más antiguos. Su sistema el 4-2-2-2. Mendoza y Vargas como laterales, siendo este último el que tímidamente se adelanta y llega a tirar centros totalmente predecibles. Como centrales los lentos Pajuelo y Azconzábal, a los cuales ningún delantero íntimo los enfrentó con pelota dominada. Dos de contención Cevasco y del Solar, dos de salida, Benítez y Maldonado y dos puntas Zúñiga y Alva. También todo centralizado y predecible. Sólo el cambio de Domínguez por Zúñiga, pasó de lateral y Vargas subió como volante cambió un poco el monótono y previsible ataque crema.
Los dos planteos hicieron que se centralizara aún más el juego y se jugara exclusivamente por el centro de la cancha, dejando numerosos espacios por utilizar, sobre todo por los laterales,
Un clásico, el 300 que sólo pasará a la historia por un número, porque en el juego cuando más pronto nos olvidemos de dicho encuentro mejor será, ya que ni de penal se pudo anotar un gol, ya que el disparo de Soto fue atajado por Flores. Un cero en todo.
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